martes, 28 de mayo de 2013

CAPÍTULO 1.

-¡Dentro de 20 minutos, a desayunar!-exclamó el guardia que nos despertaba todas las mañanas del lunes.
Me levanté de la cama y, con mis pies, buscaba las zapatillas. Me puse en pie y fui al escritorio a buscar mis gafas. Me las coloqué y me miré en el espejo. 
-¡Esta vez, el peinado de mi almohada, ha quedado bastante bien!-pensé sarcásticamente.
Me di la vuelta y me sitúe enfrente de mi armario. Lo abrí y busque la ropa que me iba a poner. No tenía mucho donde elegir, puesto que me tenía que poner sí o sí el uniforme.
Cogí la ropa y los zapatos y los coloqué encima de mi cama. Luego, cogí una toalla y mi peine y bajé a las duchas.
Allí estaban muchas de mis compañeras duchándose y vistiéndose. Yo entré en la ducha y abrí el agua.
-¡Esta helada!-pensé a la vez que el agua corría por mi cuerpo helándome.
Me duché lo más rápido y salí de la ducha con la toalla enrollada. 
-Chicas, el agua está helada.-avisé a mis compañeras de habitación que acaban de entrar.
-¡Que mal! ¡Yo quería agua caliente!-exclamó mi compañera Adriana.
-¡Y yo!-añadió mi otra compañera Nayara.
Ellas continuaron su camino hablando del agua caliente, yo las ignoré y subí a mi habitación. Me puse la ropa que había dejado preparada y ya estaba lista para comenzar un nuevo día en este orfanato.
Terminé el desayuno y me fui al salón en donde nos reuníamos todos los chicos y chicas del orfanato a pasar la tarde, y como hoy era sábado, a pasar todo el día.
Sentada en el sofá veía pasar a parejas de enamorados, a dos amigas abrazadas, a chicos corriendo, a gente pasarlo bien sin importarles que estábamos aquí porque nuestros padres nos han abandonado. Pero si a ellos no les importa, a mí tampoco, ¿no? Yo no soy ningún caso especial.
Pasé la tarde con mis compañeras hablando y viendo televisión cuando los típicos chicos maleducados se sentaron con nosotras. Inmediatamente me levanté para irme a otro sitio alejadas de esos. Pero uno de ellos me tomó del brazo. 
-¿A dónde vas?-preguntó con aire de superioridad. 
Se veía claro que él era el líder de ese grupo de 5chicos.
-Lejos de ti.-respondí cortante.-Y te pido que me sueltes que me estás haciendo daño.
-No.-Dijo haciéndose el duro delante de sus amigos y mis compañeras.
Él se lo había buscado, sabía que lo que iba a hacer estaba mal, pero tenía que defenderme. 
Le di una patada en la entrepierna y se retorció del dolor, yo aproveché que me había soltado y me fui a la habitación. Detrás de mí venía Adriana. 
-¡Jessica! 
-¿Qué?-pregunté girándome y quedando en frente de ella. 
-¿Sabes quién era ese chico al que acabas de dejar sin hijos?
-No, no lo sé ni me interesa.
-¡Es el chico más guapo de todo el orfanato!
-¡Te he dicho que me da igual!-exclamé y me acosté en mi cama cogiendo un libro que tenía en le mesa de noche.
-¡Eres idiota!-exclamó.
Ignoré su comentario y me puse a leer el libro. Justo cuando tocan la puerta, era el mismo chico que, según palabras de Adriana, le deje sin hijos.
-Hola fea.-dijo dulcemente, pero a la vez un poco irritante para mis oídos.
-¿Puedes irte? Tu presencia me irrita.
-¿Para qué te haces la dura conmigo?-preguntó haciéndose el interesante.
Caminó hacia donde yo estaba, y yo deje el libro encima de la mesa de noche y me puse de pie.
-Mira, cariño, allí, detrás tuyo, hay una puerta. ¿Puedes hacerme el favor de abrirla e irte?
-No, yo me quedo.
-Pues me voy yo.-Repliqué muy seria.
Salí de ahí corriendo. Pero cuando iba a salir me agarró del brazo y me empezó a empujar hasta que me tiró en la cama de una de mis compañeras. Entonces presionó, con sus manos, las mías sobre la cama para que no me escapara. Luego, se sentó encima de mí.
-Todavía no me has pedido perdón por lo de antes.-exigió él haciéndose el interesante. 
Le miré con cara de asco y se me ocurrió un plan para escaparme.
Me eché a llorar. Él se puso nervioso y aproveché el momento para darle otra patada, pero esta vez en la barriga. Salí corriendo a un lugar donde creía que solo yo lo conocía.
Era un pequeño parque. 
Subí a un árbol.
-La vista es preciosa.-pensé.
De repente vi una sombra detrás de mí. Me asusté tanto que caí del árbol, pero esa sombra me agarró por la cintura. Me di la vuelta y se me cambió la cara.
-Parece que te has enamorado de mí.-dije intentando disimular los latidos de mi corazón, estábamos bastante cerca uno del otro. 
-La que se ha enamorado eres tú.-dijo él con aire de superioridad.
-Las ganas tuyas, guapo.-repliqué.
De repente noté que me soltaba y bajaba del árbol ruborizado. Lo tomé como una confesión, pero normalmente cuando se me confesaban me reía y les decía que no...Pero esta vez era distinto.
-¿Qué estoy haciendo? ¿Por qué le estoy siguiendo? Mi cuerpo se mueve solo.-pensé.
Él chico en el suelo, se sacudió la ropa y caminaba de nuevo a la puerta del orfanato.
-¡Oye!-grité sin aire. 
Bajé del árbol y me di un buen golpe. Empecé a llorar, pero solo para llamar su atención. Él me vio y vino a ver que me pasaba, se ve que tiene debilidad por las personas que lo están pasando mal.
-Oye, no llores... ¿te duele?-preguntó decaído.-Ven, súbete a mi espalda.
Le agarré del brazo.
-Te atrapé.-contesté con aires de superioridad. 
-¡¿Mentiste?!-exclamó.
-No, me caí de verdad.
Él rodeó sus ojos y cambió de tema ayudándome a levantar. 
-Soy Alex.-dijo.
-Y yo Jessi.-dije sacudiéndome la tierra.
-Bonito nombre.-dijo acercándose a mí.
-Ojalá pudiera decir lo mismo.-dije seria.
Me di la vuelta e iba a caminar hacia el salón.
-¿A dónde vas?-preguntó agarrándome de la mano, otra vez, pero ahora más fuerte.
-Que manía tienes, ¡suéltame!
-Si te vas despídete.
-Vale.-repliqué aguantando las ganas de gritar, puesto que me estaba lastimando.-Adiós.
Tiré de mi brazo para soltarme de sus manos.
-Así no quiero que te despidas de mí.
-¿Ah no? ¿Y cómo?-pregunté levantando una ceja.
-Con dos besos.
Con la otra mano, cogí fuerzas y le di una cachetada. 
Él me soltó y colocó sus manos en el lugar donde le había pegado.
-¡Eres bastante fuerte!-exclamó.
-¿Lo dudabas?
-Sí, puesto que no podías soltarte cuando te tenía cogida por el brazo.
Le miré con una mirada fulminante.
-Adiós, me tengo que ir. Ni se te ocurra volverme a buscar, coger del brazo o cualquier cosa, ¿vale?-exigí muy seria.
Me di la vuelta y me fui a mi habitación. 
Caminé hacia mi cama y me senté en ella. Me quité los zapatos y luego me recosté a continuar con mi lectura. 

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