lunes, 17 de junio de 2013

CAPÍTULO 11.

La cabeza me empezó a doler. El dolor era insoportable, así que me levanté a la cocina a por unas pastillas.
-¡Buenos días!-saludé.
-Buenos días.-dijeron unas de ellas.
-¿Tienen algo para el dolor de cabeza?-pregunté sosteniéndome en la pared.
-Sí, toma esto.-contestó una de ellas dándome una pastilla y un vaso de agua.
Me la tomé y subí de nuevo a mi habitación para cambiarme de ropa y arreglarme.
Por el camino, me tropecé con la directora. La veía preocupada y angustiada.
-Madre, ¿qué sucede?-pregunté tímidamente.
Ella me miró melancólicamente.
-Alex ha desaparecido.-contestó con los ojos rayados.-No le digas nada a nadie.
-Tranquila madre, no diré nada.-dije agradable.
Madre me sonrió y me dijo que me fuera a mi cuarto, que tenía unos minutos más para dormir.
Subí a mi habitación y descansé unos minutos más hasta llegar el momento de prepararnos para el nuevo día.
Cuando estuve lista, bajé al salón. Me senté en el mismo sillón de siempre y comencé a recordar la primera vez que Alex se acercó a mí con sus perros falderos.
Llegué  a la conclusión de que Alexis me estaba importando mucho y que no podía quedarme de brazos cruzados sabiendo que él ha desaparecido. Me levanté dispuesta a entrar de nuevo al bosque, pero alguien me detuvo tras yo estar a pocos pasos de este.
-No entres.-dijo esa voz por detrás de mí.-Ahí ha desaparecido Alex, ¿no querrás desaparecer tú también?
Me giré para ver quién era. Kevin.
-Lo sé, pero quiero encontrarle.-dije dudosa.
-No lo vas a encontrar.-afirmó serio.
-¿Tú qué sabes?-pregunté borde.
-El bosque es enorme.
Kevin tenía razón.
-Vale, tienes razón.
-¿Entramos al salón? La directora quiere anunciar algo.
Asentí con la cabeza y entramos. Allí estaban todos en fila, ansiosos por saber qué irá a decir la directora.
-Queridos, siento mucho decirles esto, pero es necesario que lo sepan. Vuestro compañero y amigo Alexis no solo ha desaparecido también ha…-no pudo continuar, estaba atragantada en lágrimas.
El silencio que habitaba la sala para escuchar a la directora se deshizo. Todos empezamos a murmurar preguntando qué es lo que le había pasado a Alexis.
-Alexis ha fallecido.-completó el director.
Un silencio interrumpido por algunos llantos se apoderó de la sala. Yo no podía llorar, ni soltar una lágrima. No tenía fuerzas para llorar. Esa noticia hizo que mis ánimos y fuerzas bajasen al mínimo. No podía mantenerme ni en pie. Por suerte tenía detrás un sofá y me senté. Kevin hizo lo mismo.
Estuve sentada unos segundos analizando lo que acababa de pasar. No me lo podía creer, Alexis muerto. Era algo impactante.
-Kevin, llévame a mi cuarto.-dije seria.-Ayúdame a levantarme y llévame a mi cuarto.-aclaré.-Por favor.-añadí con una falsa sonrisa.
Él no mostró ninguna expresión en su cara, solo se limitó a llevarme a mi cuarto.
Cuando llegamos no había nada, ya que todos estaban en la sala, llorando o lamentándose por la muerte de Alexis. Seguro que lo que muchas chicas sienten es que se haya ido un “tío bueno”.
Kevin me dejó en mi cama, y yo mientras miraba al vacío pensando en Alexis. Me di cuenta que Kevin se iba, así que lo agarré por la parte de atrás de su camisa y rompí a llorar. Cuando se percató de que estaba llorando, se dio la vuelta, se sentó a mi lado, en la cama, y, amablemente, me acarició la cabeza. Yo me recosté en su hombro.

A partir de aquí empezaron los días de luto.

CAPÍTULO 10.

-¿Kevin?-murmuré dudosa.
-Sí.-contestó sonriente.
Se hizo un silencio incómodo. Ninguno sabía qué decir. 
-¿Te gusta el libro "50 sombras de Grey"?-preguntó tras darse cuenta de que no le quitaba el ojo de encima a dicho libro.
-Sí, me encanta.-contesté.-Es mi libro favorito.
-¡Que coincidencia!-exclamó.-También es mi libro favorito.-añadió contento.
Cada vez me empezaba a caer mejor este chico.
-¿Y cuántas veces te lo has leído?-pregunté curiosa.
-Siete veces. ¿Y tú?
-Una vez.
-¿Solo una?-repitió sorprendido.
-Sí.-respondí.-No me gusta leerme un libro dos veces.
-¿Y eso?
-Porque ya se todo lo que va a pasar después y eso no me gusta.
-Interesante opinión.
-¿Y tú? ¿Por qué te los lees tantas veces?
Él se quedó pensando en qué responder. Yo aproveché esos momentos y cogí una silla y me senté a su lado.
Mire hacia la puerta y estaba Alexis.
-¿Qué haces aquí, Alexis?-pregunté irritada.
-Te dije que me sabía todos los lugares de este orfanato. También que sé dónde hay lugares para esconderse. Y este es uno de ellos.
-Me alegro.-dije sarcástica.-Ahora vete tú, o me voy yo.
-Vete tú. Yo quiero estar aquí.
-Vale.-contesté.
-Adiós, Kevin. Otro día seguimos hablando.-dije despidiéndome.-Me has caído muy bien.
Me levanté de la silla y me dirigí hacia la puerta.
-Adiós Jessica.-replicó contento.
Salí de la habitación y caminé hacia el árbol. Allí pude ver una imagen que aparte de molesta e irritante, me asombraba, y mucho. Estaba Ainhoa con uno de los perros falderos, Cristian, en plena acción, es decir, basándose. No quería interrumpirles, pero quería subir a mi árbol.
Me acerqué a ellos, pero no se dieron cuenta de mi presencia, así que decidí toser un poco para que me notasen.
Por fin se dieron cuenta de que estaba ahí, me miraron con una cara indescriptible.
-¿Cuánto has visto?- preguntó Cristian con tono de machito.
-Lo suficiente para estar vomitando una semana.-contesté poniendo cara de asco, pero luego, sin querer eché una sonrisa disimulada.
-No se lo digas a Alex.-me ordenó.
-Como si… 
En ese momento una voz conocida me interrumpió, miré y era Alex.
-¿Qué no me diga el qué?-preguntó con una tonalidad agresiva.
-Esto…mmm…pues nada, lo de siempre, ¿qué habrá hoy para cenar?-tartamudeó Ainhoa.
-Oye, Aino, Alex sabe que tú y yo somos…-En ese momento Ainhoa le echó una mirada fulminante.
-Sí, Ainhoa, sé que estás saliendo con Cris, esa es una de las razones por las que te aguanto.-dijo sin quitarme la mirada.-Eres la que mantiene ocupado a Cris y…-se detuvo.
Lo que es raro, porque no tenía nada que ver, era yo ahí oyendo la conversación, así que suspiré y empecé a caminar en dirección al comedor, tenía hambre, mucha hambre.
-Jessica, espera, Alex, dime la razón principal antes de que Jessi se marche.-insistió Ainhoa.
A Ainhoa se le notaban las chispas que le salían por los ojos.
-A mí no me interesa su razón, pero creo que la principal razón por la que él te aguante es porque le mentiste sobre la información de sus verdaderos padres, y sé que es mentira porque a mí me lo han hecho varias veces, por eso ya me cansé sobre ese tema.-repliqué sin pensar.
Cuando me di cuenta de lo que había dicho, me arrepentí, nadie excepto los directores, Adrián, mi antigua mejor amiga, Sara, y unas pocas personas más sabían eso. Miré a mí alrededor y todos me estaban mirando con los ojos bien abiertos.
-Creo que hablé demasiado.-intenté sonreír, pero no hubo manera.
-¿Alex te ha contado sobre su familia?-preguntó Ainhoa confundida, me sentí un poco aliviada al ver que no le dio importancia a lo mío.
-No, sin querer escuché sobre eso…-murmuré.
Cristian no me quitaba lo ojos de encima y Alex, un tanto de lo mismo.
En ese momento Alex, que estaba detrás de Ainhoa, vino caminando rápido hacia mí, me asusté sin razón alguna y salí corriendo en dirección al bosque.
Mientras corría sin rumbo, analicé todo lo que había pasado, aunque me era bastante confuso, conseguí entender una pequeña parte. Entonces, me caí al suelo, no porque me tropezara sino porque alguien me empujó por detrás. Como no, era Alex. Intenté escapar pero yo estaba tumbada en el suelo, inmovilizada porque él estaba encima de mí.
-Dime todo sobre tu infancia.-ordenó serio.
-No sé nada de mi infancia, no tengo recuerdos.
No sé por qué le estaba respondiendo.
-Exactamente, ¿a qué edad llegaste, o te encontraron y te trajeron aquí?-siguió preguntando.
-Nadie lo se sabe.-contesté.-Pero por mi aspecto se dedujo que a los tres o cuatro años.
Me estaba empezando a asustar, Alexis tenía una expresión en la cara que nunca había vista en otra persona.
-¿Para qué lo quieres saber?-pregunté confusa.
-Eres tú…-murmuró.
-Soy yo…-repetí.
-¿Cómo lo haces?-preguntó.- ¿Cómo consigues aparecer en todos lados? Tarde dos años en olvidarme de ti, y ahora vuelves a aparecer, ¿sabes lo que te digo? Que te pierdas de mi vista, no te quiero volver a ver nunca más. Me hiciste mucho daño, muchísimo.-respondió enfadado.
-¿Qué?-pregunté confundida.
-Lo sabe perfectamente, o deberías de saberlo.
Alexis se dio media vuelta y se fue. Me dejó allí sola meditando sobre qué podría haber hecho yo en el pasado que le hubiera enfadado tanto. Pero es que, no tengo mucho que recordar.  
Caminé yo también hacia el orfanato. De camino, le seguía dando vueltas, pero llegué a la conclusión de que se había confundido de persona, yo nunca he hecho daño a nadie de tal forma de que me diga semejantes cosas. O eso creo.
Llegué al orfanato, y fui al salón. En el sofá estaban Ainhoa y Cristian hablando, me vieron llegar y posaron su mirada en mí.
-¿Qué?-pregunté.
Ellos negaron con la cabeza como queriendo: “nada, nada”.
Continué mi camino. ¿A dónde iba? A la biblioteca que había encontrado. Allí, esperaba encontrarme a Kevin, pero no había nadie. Cogí un libro que estaba en una mesilla y comencé a leerlo todo el tiempo que me quedaba de día.
Iba leyendo y, poco a poco, fui cerrando los ojos hasta quedarme dormida.
Desperté en mi habitación con una nota debajo de la almohada. Era de Kevin y decía: “Anoche te vi dormida en la biblioteca y para evitarte problemas con madre te llevé a tu habitación.”
Sonreí tras el favor que me había hecho.

Miré el reloj y todavía tenía media hora más para poder dormir. Pero no pude. Le estaba dando vueltas a lo de Alexis. No comprendía por qué me había dicho eso, y mucho menos, lograba recordar que había hecho yo en el pasado que le causara tantas molestias.

sábado, 15 de junio de 2013

CAPÍTULO 9.

-¡Hola!-dije amigable.
-Hola…-dijo Alex desconcertado.
Adrián solamente se limitó a sonreírme.
-¿De qué hablan? ¿Me he perdido algo?-pregunté fingiendo la inocencia.
-No…nada.-contestó Alex.
Alex siguió hablando en un tono que me ponía de los nervios, y Adrián sonriéndome irónicamente, sabía que ocultaban algo pero me hice la tonta, entonces me acordé lo que me había hecho Alex antes en el árbol y me ruboricé.
-Bueno...Adrián, ¿y tus heridas?-pregunté cambiando de tema.
-Bien.-respondió frío.
-Será mejor que me marche a mi cuarto.-dije haciendo una seña hacia donde me dirigía.
Al intentar avanzar me volvió el dolor del pie y me tambaleé un poco. Por suerte se encontraba la pared para apoyarme y no caerme. Estaba sudando y se me volvió a nublar la vista. Me di la vuelta para ver a Alexis y Adrián, pero ahora solo estaba Alexis.
Me iba acercando al suelo cuidadosamente mientras me arrastraba en la pared, estaba hiperventilando y pude distinguir la cara de preocupación de Alex. Cuando ya estaba en el suelo, Alex me quitó las gafas y vi como se la guardaba en su bolsillo, vi a Adrián venir con el director apurado.
Era consciente de lo que pasaba a mí alrededor. Adrián me ayudo a levantarme y me acostó en la cama de Carolina.
-¿Qué te pasa?-preguntó el director preocupado.
-Me doblé el tobillo.-contesté quejándome.
-¿Cómo?
-Intentando abrir una puerta.-murmuré.
-Bueno, los motivos ahora no importan.-intervino Adrián.-Creo que es conveniente llevarla a la enfermería y que le miren el tobillo.
Adrián y Alexis me ayudaron a levantarme. Me pusieron de pie y yo me apoye en sus hombros. Era una posición incómoda para los 3, por ese motivo, ni a la puerta de la habitación llegamos los 3 en pie. Adrián me iba a coger en peso, pero Alexis lo miró de una forma difícil de explicar y Adrián no me cogió, lo hizo Alexis. Yo no entendía qué estaba pasando. Pero tampoco me importaba. Mientras que me llevaran a la enfermería, lo demás me daba igual.
Llegando a dicho lugar, me tumbaron en la camilla. Adrián se fue y al rato, se fue el director tras recibir un mensaje. Solo quedábamos Alexis y yo.
-¿Qué pasa entre tú y Adrián?-pregunté.
-Nada.-contestó frío.
-Pues dile que venga,-susurré.-quiero estar con él.
A Alexis se le cambió la mirada al yo decir esas palabras. Pero lo había hecho, no por estar con Adrián, simplemente por molestarle. 
-Si es lo que quieres.-dijo decepcionado.
Salió de la enfermería y, tras él, entraba la enfermera. Esta me revisó el tobillo y me obligó a hacer unos ejercicios un tanto molestos para mí, ya que me dolía mucho. 
Terminado los ejercicios, se sentó en una mesa en donde estaba un ordenador y se puso a teclear.
Estuvo así unos minutos, interrumpidos, por la llegada de Adrián.
Él entró por la puerta y se puso a un lateral de la camilla.
-¿Y Alexis?-pregunté curiosa.
-No quería venir. Me dijo que querías estar conmigo.
-Sí, pero solo lo dije para...-repliqué, pero me detuve.-para...nada.-rectifiqué.
-¿Para qué?-preguntó levantando una ceja.
-Nada, nada.-repetí.-Quiero que me respondas una cosa. No te la pregunté antes porque estabas con Alexis, y la otra vez, estábamos hablando y cogiste y te fuiste.
-Dime.-dijo firme.
Lo miré curioso, él no era tan seco. Pero aún así, le quería hacer la pregunta.
En ese momento aparece Alexis.
-¿Quién te ha pegado?-pregunté.
Alexis se coloca en frente de Adrián, separándose, únicamente, por mi camilla.
-Eso, ¿quién te ha pegado?-repitió Alexis.
Él miraba a Alexis preocupado. Parecía que no sabía que responder. Para su suerte, llegaba la enfermera interrumpiendo nuestra conversación.
-Debes de estar en reposo unos días. No hagas deporte o movimientos bruscos con el pie.-explicó mientras me colocaba una venda por el tobillo.-Esto es para mantener el tobillo firme. En una semana, te pasas por aquí y veremos si ya estás mejor o no.
-Vale, gracias.-contesté.
La enfermera volvió a salir y nos quedamos de nuevo los tres.
-¿Vas a responder Adrián?-pregunté un tanto mosqueada.
-Fueron los amigos de Alexis.-contestó.
Alexis lo miró abriendo sus ojos como platos. Adrián evito mirarle y me miró a mí.
-¡Alexis!-exclamé enfadada.- ¿Por qué? ¡Eh! ¡Dime! ¿Para qué le pegas?-preguntaba mientras me ponía de pie y me colocaba en frente suyo.-Adrián está bajo mi responsabilidad. Ahora madre me va a castigar por tu culpa.-decía levantando cada vez más el tono de voz.
-Yo no le he pegado.-contestó Alexis sujetándome por la cintura.
Evite que me cogiera. Pero era imposible.
-En realidad tú no has sido.-rectifiqué.-Fueron los estúpidos de tus amigos. Pero aun así, es tú culpa. Ellos no hacen más que hacer lo que tú les dices. Y lo sé porque uno de tus amiguitos me lo ha contado. 
-¿Qué amigo?-preguntó pícaro mientras me acercaba más a él.
-Jessica, déjalo ya.-exigió Adrián.
Le eché una mirada fulminante y volví a mirar a Alexis.
-¡No quiero que me vuelvas a hablar, ni tocar, ni llamar, ni buscar, ni nada! ¡Olvídate de mí!-exclamé furiosa.- ¡Déjame en paz! 
Alexis se desconcertó. Me soltó de la cintura y yo me di la vuelta enfadada. Pero justo en ese momento, me toma del brazo y me roba un beso. Separamos nuestros labios y le di una cachetada.
-Jessica...-murmuraba Adrián.
-Alexis, te he dicho que me dejes en paz. Adiós.
Salí de la enfermería y volví a mi habitación.
Me encerré en ella. Pero era de esperar la llegada de alguien.
-Madre...-susurré.
-¿Qué le ha pasado a Adrián?-preguntó enfurecida.
-Los amigos de Alexis le pegaron.-contesté.
-¿Y quiénes son esos?-preguntó.
-Samuel, Cristian y Aday.
-¡Ah, esos!-exclamó.- ¿Y Kevin?
No quería decirle que Kevin también estaba metido en el problema. Él me había caído bien y no quería causarle molestias. Además, cuando yo estaba siendo arrastrada por Alexis, él me miraba preocupado. Como no queriendo hacer lo que tenía que hacer.
-Kevin no, madre.-respondí bajando la cabeza.
-¿Segura?-preguntó confusa.
-Segura.-levanté la cabeza.
Ella se fue y yo me quedé en la habitación. Fui hacia mi mesa de noche a por mis gafas de repuesto. 
Salí de mi habitación y caminé hacia la biblioteca que había encontrado antes. Abrí la puerta con mucha cautela y pude ver a un chico alto, rubio y con ojos marrones, sentado en una silla con un libro en sus manos.

CAPÍTULO 8.

-¿Qué haces? ¡Suéltame!-exigí enfadada.
-No.-contestó firme y grotesco.
Termino de arrastrarme hasta llegar al árbol.
-Aquí no nos encontraran.-dijo Alexis.
-¿Me vas a soltar del brazo?-pregunté intentando ser lo más dulce posible.
-Dime, ¿qué haces besándote con Adrián? ¿Vas coleccionando besos?-preguntó apretándome cada vez más del brazo.-Ya besaste a David y ahora a Adrián, ¿quién será el siguiente?
-Yo no he besado a Adrián.-contesté seria.
-¡Pero sí has besado a David!
-Eso sí.
-Eres una…-hizo una pausa.-Una fulana, una cualquiera. Vas besando a todos los chicos por ahí.
-¿Te he pedido tu opinión?
-No.-contestó aún más enfadado.
-Pues ya está, suéltame.-Exigí de nuevo.-Puedo besarme con quien quiera y cuando quiera. Tú no eres nadie para decirme lo que puedo y no puedo hacer.-repliqué mirándole fijamente a los ojos.
Veía como la rabia le consumía por dentro. Sentía que algo iba a hacerme. Tenía ganas de hacerme daño debido al mismo que le había causado yo, supuse.
No me equivoqué. Alexis me pegó una cachetada. Hizo que me volteara la cara y me salieran algunas lágrimas. Lo volví a mirar y tenía la misma mirada.
Nos quedamos observándonos durante unos instantes. Él lleno de ira, y yo llena de dolor causado por su golpe.
A los minutos, se bajó del árbol dejándome allí sola. Me quedé ahí sentada durante un cuarto de hora, soltando pequeñas lágrimas y lamentándome por haber besado a David. Pero… ¿por qué estoy llorando y lamentándome? A mí no me importa Alexis. Eso sí, me ha pegado, y muy fuerte, pero es el único motivo que encuentro para estar llorando de esa manera.
Me bajé del árbol y regresé a mi habitación, pasando por la sala.
-¡Jessica!-exclamó una voz.
-¿Qué quieres?-pregunté buscando esa voz.
Adrián se acercó a mí por detrás y apoyó su mano encima de mi hombro.
-¿Ese chico te ha hecho algo?-preguntó a la vez que me daba la vuelta.
No respondí.
Pude ver que tenía una herida por un lateral de la cara y la nariz tapada por una venda.
-¡¿Qué te ha pasado?!-pregunté preocupada, a la vez que le pasaba mi mano delicadamente sobre sus heridas.
-Nada importante.-hizo una pausa y sonrió-¿Estás preocupada?
-Pues claro, idiota.-contesté.-Madre me dejó a cargo de cuidarte, ¡me va a matar!
A Adrián pude ver como se le cambiaba la mirada. Se dio media vuelta y se fue, noté como su aura de felicidad desapareció. No sabía la razón, ni me importaba, por eso lo ignoré.
Estaba aburrida, así que fui a explorar un poco el orfanato, y también a buscar algún nuevo lugar apartado para estar sola, ya que en el árbol va a estar Alex.
Mientras iba caminando me perdí en esos amplios pasillos, no me alteré, seguí explorando e intentando salir de esos pasillos. Fui puerta por puerta intentado abrirla pero todas estaban cerradas con llave, entonces fue cuando la vi. Una gran puerta llena de polvo. Cogí un pañuelo del bolsillo de mi chaqueta y limpié un poco la puerta. Su tallado era muy bonito, era hecho de madera, la intenté abrir pero estaba trancada, no me di por vencida, no sé el por qué pero estaba interesada en lo que había detrás de esa puerta. Tomé carrerilla y le di una gran patada y ésta se abrió, pero había cogido tanta carrerilla que me hice daño en el pie. Al levantar la mirada  pude contemplar aquel cuarto lleno de libros, era un paisaje hermoso, al menos para mi vista. Fui corriendo a mi cuarto a buscar mis gafas para poder leerlos.
Estaba tan concentrada que pasé de largo a Adrián, y luego a Alex, e incluso el dolor del pie, hasta que me volví a caer. Intenté levantarme pero esta vez me había hecho daño de verdad, entonces al alzar mi vista vi como alguien me ofrecía su mano para levantarme, pero tenía la vista nublada. Le di mi mano pero cuando estaba a punto de levantarme me desmayé, antes de quedar totalmente en blanco noté como me como aquel individuo me cogía y caminaba hacia algún lugar.
Cuando desperté, estaba en el mismo lugar lleno de libros, ¿un sueño?
Noté que el pie ya no me dolía, me levanté, y pude observar la figura de un chico sentado en una silla leyendo un libro. Él estaba a contraluz y no pude distinguirlo. Me senté en una silla situada al lado suyo, y él, al ver que estaba despierta, cerró el libro y lo dejó encima de una mesa llena de polvo.
-¿Quién eres? No te consigo ver con claridad.
No respondió.
-Perdón por ser tan directa.-añadí.
-Me llamo Kevin.-contestó.
-Encantada, yo soy Jessica.
-Sí, ya sé quién eres.
Me empecé a asustar.
-¿De qué me conoces?-pregunté con la voz temblorosa.
-No te asustes.-contestó.-Ahora porque no me distingues, pero tú también me conoces.-explicó.
-¿De qué te conozco?-volví a preguntar.
-Soy uno de los amigos de Alexis.
Comencé a alterarme. Si él era uno de los amigos de Alexis y según mi hipótesis de que los perros falderos acorralaron a Adrián para pegarle y causarle las heridas, debería de irme de inmediato. No quiero tener nada que ver con él.
-Vale. Pues me voy.-dije levantándome de la silla.
-¿Por qué?-preguntó sorprendido.
-Porque tú…-contesté deteniéndome antes de decir nada.
No tenía pruebas de que ellos fueran los que de verdad le causaran el daño a Adrián.
-Porque nada, olvídalo.-rectifiqué.
-Dime.-insistió.
Me tomé unos segundos para pensar si decirle lo de Adrián o no. Mientras le miraba intentando distinguirle la cara.
-¿Tú y los demás le pegaron a Adrián cuando yo estaba siendo arrastrada por Alexis?
-Siento decir esto, pero sí. Nosotros le pegamos.
-¿Y por qué?
-Porque Alexis nos lo dijo.
-¿Y ustedes le hacéis caso a todo lo que os diga Alexis?
-Es difícil de explicar, pero sí. Le hacemos caso a todo.
-Ustedes lo que sois es un par de estúpidos.
-Puede ser.-dijo soltando una pequeña risita.
No le encontraba la gracia a nada de lo anteriormente dicho.
Al no responderle, se levantó de la silla en la que estaba y se asomó a la ventana.
-Me tengo que ir, ya se está poniendo el sol.
Salió corriendo de la habitación por la puerta.
Yo me quedé en esa curiosa sala, observando y curioseando los libros.
Fui hacia la mesa en la que había dejado, Kevin, el libro y miré el título. Al leerlo sentí unas mariposas en el estómago, ¿me habría enamorado de alguien de que cuyo rostro nunca he visto?  “50 sombras de Grey”, mi libro favorito.-aunque ciertas personas me llaman rara por leer ese tipos de libros, básicamente todos, a nadie le gusta y no sé por qué.-me alegra haber encontrado a alguien a quien sí le guste.
De camino hacia mi cuarto me encontré a Adrián y a Alex hablando amistosamente, me entró curiosidad y fui a saludarlos.


jueves, 13 de junio de 2013

CAPÍTULO 7.

-Alexis,-mencioné a él que estaba a mi lado.- ¿por qué están todos alterados?
No me respondió. Continuó esperando su turno para pasar por la barra de la comida y coger el desayuno. Yo hice lo mismo, pensando que él no me había oído. 
Le miré detenidamente y me di cuenta de que llevaba un gorro un poco atípico. Lo consideraba así porque él no solía llevar sombreros, ni gorras, ni nada del tipo parecido.
Al rato, volví a preguntar.
-Alexis… ¿sabes por qué todos están alborotados?
No me respondió. Le toqué el hombro suavemente como señal de que yo estaba ahí, que me hiciera caso.
Pero ni se inmutó. Llegó su turno y cogió su comida, yo, que estaba detrás, hice lo mismo.
No me senté a su lado, me senté donde siempre me sentaba en una mesa situada en una esquina sola, pero como de costumbre, se acoplaban mis compañeras de habitación.
Empecé a entablar conversación con ellas, cosa rara en mí, hasta que terminé de tomarme mi desayuno.
Caminé hacia donde estaba Alexis y me senté a su lado.
-Alexis, ¿tienes algo conmigo?-pregunté evitando la mirada de todos sus acompañantes de la mesa.
-No tiene nada contigo.-contestó la fulana, es decir, Ainhoa.-Pero le agradaría que te fueras y le dejaras en paz.
La miré con rabia y después miré a Alexis. Este seguía sin responder.  Pensé en no insistirle más, así que me levanté y me fui a mi habitación.
Camino de mi habitación me encontré con madre acompañada por un chico de mi misma edad, con ojos verdes y pelo castaño.
-Jessica, te presento a un nuevo compañero del orfanato.-dijo madre.
-Hola,-saludó él.-mi nombre es Adrián, pero me puedes llamar Adri.-guiñó el ojo.
-Hola, yo soy Jessica, pero me puedes llamar Jessi.-repetí.
-Bueno os dejo.-intervino madre.-Jessica, enséñale el centro, por favor.
Asentí con la cabeza.
Adrián me preguntó, recién se había marchado madre, que dónde estaba el baño.
Me pareció gracioso, o eso creo, y solté una pequeña risita. Después, le guie hasta el baño.  A continuación, bajamos al salón, donde ya estaban todos. 
-¿Quieres un zumo?-pregunté intentando empezar un tema de conversación.
-Sí, gracias.-contestó regalándome una de sus sonrisas.
-Vale, pero espera en aquel sofá que voy a pedir los zumos al bar.-dije señalándole el sillón.
Él hizo lo que le dije y yo fui al bar. Allí estaba Alexis, pero esta vez no tenía el gorro.
-Hola.-saludó mirándome de arriba abajo.
-Adiós.-contesté fría y cortante.
Cogí los dos zumos y me dirigía de nuevo a reunirme con Adrián, pero Alexis me detuvo.
-¿Para quién es el otro zumo?-preguntó interesado por mi respuesta.
-No te interesa.-contesté, de nuevo, fría y cortante.
-¿Te pasa algo conmigo?-preguntó levantando una ceja.
-¿Te pasa algo a ti conmigo?-repetí haciendo énfasis en la palabra “ti”.
-No, ¿por?-contestó sorprendido.
-Por lo de esta mañana, te hable mientras esperábamos por el desayuno y me ignorabas.-contesté.
-Tenía puesto los auriculares y estaba escuchando música, por eso no te oía.-dijo riendo.
-¿Y de que te ríes?-pregunté molesta.
-De que te estas preocupando por si te hablo o no.-contestó aguantando la risa.-Cuando te conocí, me ignorabas completamente. Ni si quiera te acercabas, tuve que acercarme yo a ti aquella vez con mis amigos sentándome en aquel sofá.-dijo parando de reír.-Todo esto quiere decir que te estas enamorando de mí. Una chica no cambia tanto por un chico, a no ser que de este, se esté enamorando.-replicó sonriendo.
-Yo no me estoy enamorando.-rechisté molesta por su comentario.
-Lo que tú digas.-dijo.-Tú y yo sabemos que lo que acabas de decir es mentira.
Me dejo con la palabra en la boca y se fue hacia la sala de juegos.
Lo miré con rabia, pero a la vez estaba ruborizada.
Volví a coger los zumos que había dejado encima de la barra y me dirigí hacia el sofá en donde estaba Adrián esperándome.
-¡Aquí traigo los zumos!-exclamé sentándome en el sofá de enfrente al suyo.-Perdón por tardar, tuve que pararme a hablar con un estúpido.-excusé mientras rodeaba mis ojos tan solo al recordar la pequeña conversación que había tenido anteriormente con Alexis.
-No pasa nada.-contestó amablemente.-Por cierto, ¿puedo saber quién es ese estúpido? ¿Te hizo algo?-preguntó preocupado.
-No, déjalo.-respondí halagada porque se preocupara por mí.-Ya lo conocerás en su momento.
Me miró con preocupación y asintió con la cabeza mientras le entregaba el zumo.
-Bueno, Adrián.-decía dando un pequeño sorbo a mi bebida.- ¿Por qué estás aquí?-pregunté.-si es que se puede saber.-añadí.
-Mis padres murieron en un accidente de tráfico…-contestó al instante de que se le rayaran los ojos.
-Es muy típico. Todos suelen venir por el mismo motivo, debe de ser muy triste.-pensé.
-¿Y tú por qué estás aquí?-preguntó interesado.
Se levantó del sofá en el que estaba sentado y se sentó a mi lado.
-Pues verás.-empecé.-Vine aquí con 4 años. Fui encontrada por la directora en un pequeño bosque. Todavía, nadie sabe qué estaba haciendo allí. Nadie sabe nada de mis verdaderos padres. Porque antes de traerme aquí, los llamaron y buscaron. Pero no los encontraban, por eso decidieron traerme aquí.-hice una pausa.-Tampoco sé la edad que tengo. La gente calcula que tengo unos 13 años. Tampoco tengo apellidos y mucho menos nombre. Me llaman Jessica porque ese era el nombre de la hija fallecida de la directora. Y por último de mi gran historia es que no tengo recuerdos del pasado.-hice otra pausa, pero esta vez más larga al ver como Adrián se acercaba a mí.-Dicen que cuando eres adolescente te vienen pequeñas imágenes de cuando eras pequeño, pero yo no tengo ninguna.-concluí.
Terminé de contar mi historia y pude ver a Adrián a escasos centímetros de mi boca. No sé qué estaba haciendo ni que pretendía él hacer. Intenté alejarme, pero detrás tenía el respaldar del sofá y por los lados me era imposible salir. En resumen, estaba por decirlo de alguna manera, atrapada.
Justo en ese preciso instante llega Alexis con sus perros falderos agarrado de la mano de la fulana.
-¡Estás haciendo un récord!-exclama Alexis enfurecido.
-¿Por qué?-pregunta Adrián separándose de mí.
-No es asunto tuyo.-contesta Alexis.
-Pero sí es asunto mío.-añadí.-Así que cuéntame eso de que estoy haciendo un récord.
Alexis me tomó del brazo y me arrastró hasta un lugar un tanto apartado del sofá en el que estaba con Adrián.

Mientras me llevaba por la fuerza, veía detrás de mí como sus perros falderos acorralaban a Adrián.

martes, 11 de junio de 2013

CAPÍTULO 6.

Alex y yo nos fuimos arreglar para la cena. Es una tradición dar un festín cada vez que alguien es adoptado, ya que rara vez nos adoptan. Aunque todavía, no tenía ni idea de a quién iban a adoptar.
Todos estaban ayudando en algo, menos Alex y yo, claro está, con lo que hicimos hoy nos basta y nos sobra. Nosotros dos estábamos preparándonos para la cena, pero para colmo todavía no se podía entrar al baño de las chicas.
-¿Pero qué? ¡Creía que ya estaba arreglado!-Exclamé furiosa pensando que no me podría bañar.
-Jessica.-Dijo una voz conocida sonando de detrás de mí.-Ya de paso hemos renovado el baño entero y tardará un poco más, vete al de los chicos, allí solo está Alex, así que fundamento.
-¡Me asustaste, madre! Vale, tranquila, solo me ducharé y me arreglare para la cena lo más pronto posible. Hasta luego.
Con eso finalicé y me dirigí al baño de los chicos.
-¿Hola? Alex, ¿estás aquí?-Pregunté entrando.
-¡Jessica!-Esa voz era fácil de identificar. -¡¿Qué narices haces aquí?! Me estoy duchando, no creí que fueses tan atrevida.
-Idiota, según madre el baño de las chicas todavía está cerrado.-Dije un poco aturdida.- ¿En qué ducha estás?
-En la segunda empezando por la izquierda, ¿por qué quieres saberlo?-Preguntó pícaro.
-Para entrar en la de al lado.-Contesté indiferente.
Él no contestó, entré en la ducha y colgué la toalla en la puerta.
Cuando terminé de ducharme, al ir a coger la toalla no estaba, supuse que se había caído así que la busqué por el suelo y no la vi, asomé la cabeza fuera de la ducha tapándome el cuerpo con la puerta.
-Tampoco está aquí, ¿qué hago?-Pensé en voz alta.
-¿Buscas esto?-Preguntó una voz, pero no era la de Alex.-Sal, y ven a buscarla.
Miré hacia aquella voz y era David.
-Dámela.-Dije firme.
Él se rio.
Entonces escuché un ruido, y luego oí la puerta de la entrada del baño.
Alex se acercó a David y le quitó la toalla.
-Toma.-Dijo Alex tendiéndome la toalla.
-Gracias.
Cogí la toalla y volví a entrar a la ducha. Me tapé con la toalla y salí. Allí estaban Alex y David todavía.
-¿Por qué hiciste eso?-Pregunté en un tono como si no me importara.
-Al parecer él va a ser adoptado quería divertirse un poco.-Contestó.-Vístete ya o llegaremos tarde, tranquila, que no miro.
Yo miré a David.
-Mmm…David y yo nos vamos, será lo mejor.
Ellos salieron y yo me vestí lo más rápido posible.
Bajamos al comedor y todos estaban muy alborotados, hablaban a la vez y no se escuchaba nada, Alex, David y yo nos sentamos sin que se dieran cuenta, ya que habíamos llegado tarde.
Empezó la cena y todos, o al menos la mayoría, nos comportamos como auténticas personas educadas y normales, pero simplemente por el hecho de que, con nosotros, estaba un matrimonio observándonos detenidamente. Muchos pensábamos que debíamos comportarnos así para que nos elijan y nos adopten, pero unos pocos, que eran los que precisamente se estaban comportando como auténticos animales, pensaban que aunque nos comportásemos bien, siempre iban a elegir al huérfano con la cara más bonita, es decir, el más guapo. Pensaban, esos pocos, que los que venían a adoptarnos siempre se fijarían en la cara y el físico, porque ¿quién se iba a fijar en un huérfano feo? Nadie. Esa era su opinión, pero la mía, era de comportarme como soy yo en realidad.
La cena transcurrió con normalidad, a pesar de los malos hábitos de comer y de comportarse de esos pocos.
Aun estábamos en la mesa cuando David pasó por mi lado y me susurró al oído.
-Sube a tu habitación un momento, no te voy a hacer nada malo.
Él continuó su camino hasta llegar las escaleras. Le hice señas para que subiera. Teníamos que intentar disimular, lo máximo posible, que íbamos a subir a nuestras habitaciones.
David subió las escaleras, y a los minutos le seguí. Sentí que alguien había notado que me levanté para subir a hablar con David, pero no le di mucha importancia. Mientras que no fuera madre o el director, no había ningún problema. Y estos estaban muy concentrados en hablar con el matrimonio.
Llegué al piso de arriba y estaba David. Iba a preguntarle que qué quería pero no me dio tiempo, me pegó contra la pared.
-¿Qué haces?-pregunté sorprendida y a la vez, un poco enfadada por la posición en la que estaba.
-Es mi último día aquí y quiero conseguir aquello que quería desde la primera vez que te vi cuando llegaste aquí con tan solo 4 años.-contestó acercándose cada vez más a mis labios.
-¿Y qué es eso que querías desde la primera vez que me viste?-pregunté.
-Un beso tuyo.
Pensé en no dárselo, me daba asco. Pero después rectifiqué. Era su último día y por un beso no me iba a pasar nada.
-Vale.-dije.
Se acercó a mí lentamente hasta juntar sus labios con los míos.  Se le notaba que anhelaba ese beso con mucho deseo.  Estuvimos así unos 2 segundos, que para mí fueron eternos. Nos separamos y pude ver en las escaleras, a Alexis. Él estaba con los ojos rayados y llenos de rabia. Intente separarme de la pared en la que me tenía atrapada David, pero no podía, me tenía bien sujeta.
-Ya te di el beso, ahora suéltame.-exigí.
-No.-dijo serio.-Tengo a la chica que siempre he deseado en frente de mí, ¿crees que voy a desaprovechar este momento?-preguntó muy pícaro.
Volví a mirar a las escaleras y ya no estaba Alexis.
-Ya te di el beso, ¿qué más quieres?-pregunté molesta.
-Te quiero a ti.-contestó besándome a la fuerza.
Reaccioné dándole una cachetada, y mientras se quejaba del dolor aproveché para bajar al comedor.
Allí me senté y continué la cena. Ni si quiera me paré a ver si David bajaba del piso de arriba o no. Me concentré en terminar la cena y agradar al matrimonio.
Terminamos la cena y todos subieron a sus respectivas habitaciones, todos menos yo, obviamente, siempre me quedaba mirando desde la escaleras como aquel huérfano, compañero y amigo, se iba para nunca volver.
En realidad, no me dolía, ni me sentía mal, estaba acostumbrada a ver marchar a mis compañeros.
Cerraron la puerta y tras ella se fueron David y el matrimonio; y dentro se quedó madre y el director que en breve se fueron a su habitación que quedaba en el mismo piso. Yo subí a la mía y me dormí lo más rápido posible.
Desperté gracias al guardia que nos despertaba todos los lunes. Hice mi típica rutina que constaba de levantarme de la cama e ir hacia el escritorio donde estaban mis gafas. Luego, caminar hacia el armario, buscar el uniforme y colocarlo encima de la cama. Después bajar al baño y ducharme. Esta vez ya estaban los baños de las chicas arreglados, con lo que me pude duchar con más tranquilidad. Por último, subí a mi habitación y me vestí.
Terminado mi tiempo de prepararme, bajé a desayunar.
Allí estaban todos alborotados y comiendo lo más rápido posible, pero no entendía por qué.

sábado, 8 de junio de 2013

CAPÍTULO 5.

-¡Buenos días!- exclamó.
-Buenos días…-dije bostezando.
-Jessi.-dijo preocupado.- ¿Qué haces aquí?
-Quería dormir sin compañía alguna.-contesté.
-Bueno te entiendo.-dijo un tanto preocupado.-Hoy vamos a ir de excursión al parque, ¿te acuerdas?
Asentí limpiándome disimuladamente la cara con las sábanas de la cama.
-Si no quieres ir, te puedes quedar aquí con Verónica.
-¿Verónica?-pregunté extrañada.
-La directora, madre.-contestó con una sonrisa que parecía que se estaba aguantando la risa.
-¡Ah!-exclamé.
En ese momento me sentí un poco más animada, madre era estricta, pero en ocasiones es muy divertida.-Me parece bien, gracias.
Solo me limité a sonreírle, recoger mis cosas e irme a duchar. Cuando terminé de hacer todo volví a mi cuarto a por mis gafas, ya que en el bosque había perdido mi caja donde las guardaba, abrí la puerta y Adriana y las demás me acorralaron para gritarme y decirme lo preocupadas que estaban.
-Vale, vale.-interrumpí sorprendida.-No me pasó nada malo, solo me quedé a dormir en otro cuarto, y antes de que se me olvide, hoy no voy a ir a la excursión de hoy, no me encuentro de humor.-expliqué segura.
En ese momento entró la directora y nos avisó que teníamos que bajar al salón.
Abajo todos se pusieron en fila rectos, nosotras nos incluimos.
-Van a salir de excursión para visitar varios museos conocidos de los alrededores, irán con la supervisión del director, algunos profesores y el guía. Yo me quedaré aquí con Jessica y Alexis.
-¡¿QUÉ?!-grité abriendo los ojos como platos, y sonrojándome un poco.
-Jessi, ¿ocurre algo malo?-preguntó la directora.
-No, no es nada importante.
La directora empezó su charla de normas acompañada del director.
Cuando terminó y todos se iban le pregunté que por qué Alexis no iba a la excursión y me dijo que fue porque le pillaron con otro chico en el bosque ayer por la tarde-noche.
-¿Y el otro chico?-pregunté.
- Alex confesó que todo había sido su culpa, entonces fue arrestado, y al otro solo le hemos dado un aviso.-Contestó la directora.
En el momento en el que ya, completamente, todos se habían ido, pude ver a Alexis que  estaba viendo la tele. Me quedé un rato embobada mirándolo hasta que vino alguien llamando a la directora.
Alex se dio cuenta de que lo estaba mirando y me observó con cara: ¿Qué miras? Rápidamente, quité la mirada de él y observé a una profesora venir corriendo hacia nosotros.
-Señora Directora, ha ocurrido una emergencia. Tiene que venir conmigo, es muy urgente.
-Madre, tranquila, estaremos bien.-dije con una falsa sonrisa.
-Nosotros nos portamos bien.-añadió mientras me miraba con una cara traviesa.
-Vale, no salgáis de aquí, por si acaso, cierro la puerta con llave.-dijo sacando una diminuta llave de su bolsillo.
Cuando se fue, me senté lo más alejado posible de Alex y me puse a ver la tele. De repente se levantó y me miró con unos extraños ojos.
-No te ha pasado nada ¿verdad?-preguntó acercándose a mí.
-No, ¿de qué estás hablando?
Él no respondió nada y entonces yo me acordé de lo que me había dicho la directora.
-¿Fuiste tú la causa de lo que pasó en el bosque?-volví a preguntar.
Asintió y me lo explicó todo. Me dijo que estaba enfadado porque estaba evitándolo y que se le ocurrió llamar a un amigo para gastarme una pequeña broma.
-Luego de que salieras corriendo, te fuimos a buscar pero no te encontramos, entonces nos perdimos y cuando me di cuenta estaba yo solo.  Encontré el orfanato de milagro y mi compañero se había chivado, entonces me castigaron solo a mí. Antes de irme a dormir me escapé y fui a tu cuarto, tus compañeras me dijeron que o habías llegado, te busqué por todas partes, al último sitio al que fui, fue el árbol y allí vi sangre, pensé que era tuya así que me preocupé más y me sentí muy culpable. Cuando iba a mi cuarto te vi caminando, te llamé pero parecía que estabas en otro mudo, así que fui a dormir, me acordé de la sangre ahora mismo y por eso te lo pregunté si estabas bien.
Entonces le conté que al caerme de cara me sangró la nariz, pero que no fui al árbol.
Luego, no sé cómo ocurrió, pero acabamos abrazándonos.
 Justo entró la directora y nos vio abrazados.
-¿Qué está pasando aquí?-preguntó seria y clavándonos la mirada.
Inmediatamente nos separamos y nos levantamos del sofá en el que estábamos sentados.
-Simplemente nos estábamos abrazando porque…-dije nerviosa.
-Hacía mucho frío.-completó Alexis.
La directora nos miró con cara de desconfiada porque no se creía nuestra excusa. Se quedó así unos minutos, y nosotros sonriéndole irónicamente.
A los minutos, se fue tras recibir un mensaje. Pude notar que se marchó preocupada.
-No te volveré a abrazar.-dije enfadada pero a la vez ruborizada.
-Tú te lo pierdes.-replicó dándose la vuelta.
-Pero…-susurré.
-¿Qué?-preguntó dándose la vuelta.
-Yo quiero, pero sabes que la directora prohíbe besos y abrazar entre chicos y chicas.-contesté tímidamente.
-¿Quieres qué?-volvió a preguntar aun sabiendo perfectamente a lo que me refería.
-Tú sabes.-contesté seria.
-Pero quiero oírtelo decir.-dijo acercándose a mí.
-No te lo diré.-repliqué mientras me alejaba de él.
-Pues no me lo digas.-afirmó serio.
Me levanté del sofá y él me tomó de la mano. Justo en ese momento, entró la directora. Rápidamente me solté de su mano. Ella no notó nada.
-Ya estoy, perdonen por tardar.-dijo.-Vamos a hacer algo productivo para vuestras mentes.
-Por mí vale.-contestó Alexis.
La directora nos puso a cortar las malas hierbas del jardín.
Hacía calor, pero no era insoportable.
-¡Madre! Esto no es nada productivo para nuestras mentes.-dijo Alexis.
Estuvimos toda aquella hermosa tarde limpiando el jardín, aunque ese sea el trabajo del jardinero. Empecé a sentir cada vez más calor.
Cuando me di cuenta Alex y yo, estábamos empapados de sudor, así que fuimos a ducharnos y a ponernos una ropa más corta para que no tuviésemos tanto calor. 
Madre estaba arreglando los papeles para una adopción, lo sé porque la vi desde la ventana. Yo no le hice caso y paré un rato a descansar. Me tumbé bocarriba para mirar al cielo, pero el sol brillaba tanto que no pude, entonces me puse a observar a Alex. Me quedé embobada de cómo trabajaba. Tenía una camisa de asillas y se podía ver que era musculoso. Aunque parezca raro, esa imagen era hermosa, las gotas de sudor le brillaban en el pelo como si fuesen estrellas a plena luz del día.
-Increíble…-d
ije pensando en alto.
-¡Oye!-gritó él un poco furioso.- ¿Qué miras tanto? ¡Ponte a trabajar! ¡O sino, no acabaremos nunca!
-Va…vale.-contesté con la voz temblorosa, nunca le había visto así.
Pasamos horas arreglando el jardín hasta que anocheció y volvieron los demás.