jueves, 18 de julio de 2013

CAPÍTULO 16.

En ese momento, me trajeron mi deseado bocadillo de pollo. Me lo comí con muchas ganas, estaba buenísimo. Y más bueno estaba porque no lo había hecho yo, puesto que soy una aficionada en la cocina. Por no decir que no sé cocinar.
Le di el último mordisco a mi bocadillo, pedí la cuenta y pagué. Luego, salí de la cafetería y volví a la habitación de Kevin. Pero mientras iba, ocurrió lo imaginable, un chico que se me parecía mucho a Alexis salió del cuarto de Kevin. Obviamente me escondí. Estaba asustada.
Cuando no hubo rastro de aquel ser igual a Alexis, entré rápidamente al cuarto de mi amigo.
-¿A…Alexis acaba de salir de aquí?-pregunté elevando el tono de voz.
-No sé de qué me estás hablando.-contestó Kevin indiferente.
El mundo se me vino encima. Por un momento pensé que Alexis estaba vivo, pero me equivoqué. A lo mejor solo había sido una alucinación mía. Aunque yo juraba que no, parecía tan real.
-¿Te pasa algo?-preguntó Kevin extrañado.
Negué con la cabeza.
-¿Segura?-volvió a preguntar.
Afirmé con la cabeza, de nuevo.
Caminé, cabizbaja, hasta sentare en un sillón que estaba al lado de su camilla.
-¿Cómo te encuentras tú?-pregunté cambiando de tema.
-Sí ya estoy mejor.-contestó.-Pero tengo el pie enyesado. Lo tendré así unos meses.
-Ah.-dije sosa.
Se me notaba que me pasaba algo. Fui estúpida al decirle tan solo “ah”. Ahora, seguramente, me preguntaría que qué me pasaba.
-Jessica, dime qué te pasa.-dijo serio.-Dime la verdad.-añadió.
-No es nada.-repliqué enfadada.-Solamente pensé que había visto a Alexis salir de tu habitación.
-Él está muerto.
-Lo sé. Pero pensé que por alguna extraña razón el seguía vivo.-dije murmurando.
-Eso es imposible.
-Lo sé.-repetí.-Bueno solo era eso, una tontería. Ahora ríete de mí por ver fantasmas.
-No me río.-dijo serio.-Es normal. Estabas enamorada de él y tu corazón quiere volver a verlo.
Me quedé callada.
-No me digas que no estabas enamorada de él.-añadió frunciendo el ceño.
-Fue hace dos años, ya no siento lo mismo.-mentí.
-Te conozco, sé que me estas mintiendo.
-¡Bueno, vale! ¡A lo mejor sigo “enamorada”!-exclamé haciendo comillas en la última palabra.- ¿Tienes algún problema con eso?-pregunté sin pensar.
-No…-murmuró.
-Pues vale. Que te quede claro que sí, estoy enamorada de alguien que está muerto y siempre lo estaré porque nunca encontrare a nadie como él.-dije sin pensar.- ¡Ahora déjame en paz!-exclamé yéndome de allí.
Al salir del hospital, me di cuenta de que me había dejado el bolso por lo que tuve que volver a subir esos 5 pisos para buscarlo. Iba subiendo mientras pensaba en qué decirle a Kevin.
Antes de darme cuenta ya estaba en frente de la puerta del cuarto, a punto de tocar; pero unas voces hicieron que me detuviera. Abrí un poco, no mucho, la puerta para poder oír mejor; aun así no veía quienes estaban dentro.
-¿Cree que soy Alex?-preguntó una voz nostálgica, riéndose.- ¡Pero si ella no sabe que él está vivo! Ella piensa que está muerto.-añadió entre risas.
-Sí, y no es gracioso. Deberías de decírselo.-contestó Kevin.
-Sabes que no lo haré.
-Por lo menos no te acerques a ella.
-Sí, sí, lo que tú digas.-burló aquella voz.
Me percaté de que esa voz se dirigía a la puerta. Rápidamente intenté salir corriendo, pero me tropecé y caí. Cuando me levanté era demasiado tarde.
Aquella voz, era un chico. Se parecía mucho a Alex, pero no era él. Una de las características que lo diferenciaba de él, era su color de pelo.

Nos quedamos mirándonos en completo silencio. En un momento dado me mira de arriba abajo, se ríe y se va.

lunes, 15 de julio de 2013

CAPÍTULO 15.

Lentamente abrí los ojos y pude contemplar que no me dolía nada en absoluto, tan solo un brazo que tenía con algunos golpes, pero nada que comparar con la gran herida que tenía Kevin en la cabeza. Estaba sangrando.
-¡Ayuda!-exclamé desesperada.
-¡Ya va!-exclamó una voz grave y desconocida.
Abrieron la puerta y vi la luz del sol junto con el rostro de un hombre mayor y dos chicas. A mí me parecían que eran sus hijas, tenían casi los mismos rasgos físicos.
-¿Están bien?-preguntó uno de las chicas mientras me ayudaban a salir.
-No, bueno sí pero no. Yo estoy bien, me duele el brazo pero mi amigo está muy mal.
Rápidamente terminaron de sacarme del coche y sacaron a Kevin.
Fuera del coche, una de las chicas, me vendó el brazo. La otra chica llamó a una ambulancia que, minutos después, se llevó a Kevin. Luego un coche de policía me llevó hacia el hospital. Cando llegamos me dijeron que todavía él seguía inconsciente y que su vida no corría peligro. Esto me alivio un poco bastante.
El policía me llevó a la cafetería a hacerme unas preguntas y, de paso, me invitó a tomar un café, pero yo tenía más hambre y quería algo más que un simple café.
Terminamos las preguntas y el policía se marchó. Yo fui a recepción a preguntar dónde estaba la habitación de Kevin. Me dijeron que era la 269 del quinto piso.
Subí al piso y tras buscar por varios pasillos, me perdí. Era un hospital bastante grande y poco señalizado, normal que me perdiera. Por suerte un hombre con bata blanca que pasaba por allí me dirigió hacia el cuarto de Kevin. Mientras me guiaba, me contó que él fue quien me ayudo a salir del coche en el momento del accidente junto a sus dos hijas, que estaban las dos en prácticas para la carrera de traumatología.
Llegamos a la habitación de Kevin. El doctor me iba a decir algo, pero no le hice caso y entré exasperada.
-¿Quién eres?-preguntó Kevin extrañado depositando su dulce mirada en mí.
Me quedé callada. Estaba sintiendo lo mismo que experimenté cuando Alex murió. Me quería morir, eso significaba que toda persona que quiero debe, por alguna extraña razón, morir o perder su memoria-que para mí era como haber muerto, porque que una persona no recuerde nada de ti, era como haber muerto.
Salí de la habitación envuelta en lágrimas. Me senté en unos de los bancos que estaban fuera del pasillo. Apoyé mis codos en mis rodillas y mi cabeza sobre mis manos. Comencé a soltar lágrimas desesperadamente. Me importaba bien poco que los que pasaran por allí me vieran.
-¿Jessica?-preguntó alguien en un murmuro arrepentido.
-¡Déjame!-exclamé sin levantar la cabeza por lo que no pude ver quien me había hablado.
-Lo siento, era una broma.-dijo arrepentido.
Levanté la cabeza y pude ver a esa persona que hablaba con tono arrepentido. Seguidamente me alteré al ver a Kevin de pie, debería de estar en la camilla.
Me puse en pie con expresión de enfado- y preocupación, claro está-. Nuestros rostros quedaron tan cerca que podíamos sentir nuestras respiraciones chocar una con la otra. Vi que continuaba nervioso, él es el tipo de persona que no pude ocultar un sentimiento, entonces fue cuando le besé.
Separamos nuestros rostros poco a poco. Él estaba completamente rojo. Decidí darle un abrazo.
-No vuelvas a hacerme este tipo de bromas.-dije en su oído.
Él estaba quieto. Supuse que lo había dejado sin palabras por lo que me reí. Luego, le di la mano para llevarle a su camilla, ahí es donde debía de estar.
-Voy a traer algo de comer, ¿quieres?-pregunté.
Él solamente negó con la cabeza.
-Vale, ahora vuelvo.
Salí del cuarto de nuevo y fui a la cafetería en la que ante había tomado un mísero café.
Pedí un almuerzo que se basaba en un bocadillo de pollo. ¡Qué hambre tenía!
Mientras esperaba, analicé lo que acababa de ocurrir. Había besado a Kevin. Sí, a mi mejor amigo Kevin. Pero, ¿por qué? No tenía razones. A mi él no me atraía, solo lo veía como un amigo. Pensé entonces, que fue por un impulso del corazón… ¡Qué bobadas pienso! No tenía ni idea de por qué le había besado. Él no me gustaba para nada, mis únicos sentimientos de amor iban dirigidos a Alexis. Alexis sí que me gustaba y demasiado. Creo que hasta el punto de quererlo como algo más que un amigo. Desde que lo conocí mi vida cambio, y para bien. A pesar de haber pasado ya 2 años lo seguía queriendo. Con él me sentía segura, más que con mi último novio. Este me había hecho mucho daño. Se llamaba Leo y era muy parecido a Alexis, creo que hasta eran hermanos. Lo conocí a los 11 años, y hasta mis 12 años estuvimos juntos; con la diferencia de que él era 2 años mayor que yo. Rompimos, bueno, rompí nuestra relación porque lo había visto con otra chica. A él, parece que no le gustó que lo dejara, y me obligo a estar con él, cosa que yo no quería. Pero yo se lo dije a madre y ella me ayudó. Desde ese momento no me enamoré de nadie más. Todos los chicos me parecían estúpidos y del mismo carácter de Leo, hasta que conocí a Alexis. Al principio me pareció un estúpido más, pero poco después, las cosas que ocurrieron entre nosotros me hicieron ver que era aún más estúpido, pero que sentía algo por él que no sentía por ningún otro chico. Alexis y yo parecí que nos odiáramos por nuestra forma de comportarnos, pero en el fondo nos queríamos. O al menos eso pensaba yo. Ahora mismo me gustaría saber si él sentía lo mismo por mí. Me gustaría volver a verle, y comprender que no está muerto. Pero sé que esto nunca ocurrirá.  

Me levanté de la mesa bruscamente para despertar de aquellos sentimientos que rodaban en torno a mi pasado con Alexis. Él estaba muerto y nada podía pasar para que ocurriera lo contrario, o sí…no, no puede ser. 

domingo, 7 de julio de 2013

CAPÍTULO 14.

Amaneció un día caluroso. Estaba sudando así que lo primero que hice fue ducharme. Luego, me vestí y, como dijo Kevin, me puse algo corto: camisa de asillas y un pantalón corto vaquero. Para el calzado, en vez de ponerme unos zapatos como solía hacer, me puse unas sandalias. Eran las 12 de la mañana y tenía hambre. Así que salí del motel para ir hacia un bar a desayunar algo. Primera vez que pisaba un bar que no fuera el del orfanato.
Pedí un sándwich de jamón y queso. Algo simple y barato.
Mientras esperaba el desayuno, veía y observaba detenidamente todo a mí alrededor. A mi derecha se encontraba la barra donde mucha gente se sentaba para hablar con el que estaba detrás de esta. A mi izquierda había más mesas como en la que yo estaba sentada. De frente se hallaba un televisor de plasma, bastante moderno para un bar como este, y a los lados unos espejos enormes. Y por último, detrás de mí, la puerta de entrada o salida.
Podía ver quien entraba o salía gracias a los espejos que estaban alrededor del televisor. Y esto me entretenía más que el programa que estaba publicando en la televisión.
Un camarero se acercó a mí y me trajo el desayuno. Le di las gracias y comencé a comer mi deseado y esperado sándwich.
Cuando terminé, le pagué al camarero en la barra y salí de allí. Regresé sobre mis pasos hasta llegar al motel. Ahí estaba esperándome Kevin, en la puerta de mi habitación.
-¿Dónde estabas?-preguntó preocupado.
-Fui a desayunar.
-¿A la una y media?-preguntó sorprendido.
-Sí, es que me desperté tarde, hace mucho que no me despierto a la hora que yo quiero.
-Bueno, entonces supongo que no tienes mucha hambre.
-La verdad, que no mucha.
-¡Genial! Así tendré más tiempo para enseñarte la ciudad y, más tarde, comemos.
Era un buen plan, así que, asentí con la cabeza.
Me tomó de la mano y me llevó hasta su coche. Entramos, nos sentamos y nos colocamos el cinturón. Él iba a arrancar, pero lo detuve.
-Quiero que me respondas a una pregunta antes de poner este coche en marcha.-dije seria.
-¿Qué pregunta?-dijo intrigado.
-¿Por qué no me dijiste ayer que eras Kevin? Y con “Kevin” me refiero a mi amigo del orfanato.
-Porque pensé que te darías cuenta al verme.-dijo con la voz suave y lánguida.
-¿Y por qué no me lo dijiste después?
Se quedó callado. Se tocó el pelo pensativo.
-En verdad, no lo sé.-dijo al fin.
-Vale.-dije seria.
-¿Te enfadaste?-preguntó preocupado.
-Un poco.
-Lo siento.-dijo arrepentido.
-Da igual, arranca. Me entro hambre.
Arrancó el coche. En este reinó el silencio, ninguno de los dos hablábamos. Yo porque estaba un poco enfadada y él porque sabía que yo estaba un poco enfadada.
Aun así, yo rompí el silencio con una pregunta.
-¿Cómo supiste encontrarme ayer?
De nuevo, se quedó callado ante mi pregunta.
-Sabía que ayer era tu cumpleaños y que te iban a echar del orfanato.-contestó al fin.-Por eso, en la puerta del orfanato te estaba esperando, pero ni si quiera me viste. Continuaste tu camino hacia la derecha. Miraste a la izquierda, es verdad, pero no posaste mi mirada en mí ni un solo instante. Entonces yo te seguí hasta que llegaste a un parque, te sentaste en uno de los bancos y a los minutos tuve el valor de acercarme a ti.
Me quedé callada. Después de varios años- para ser concretos, 2años- Kevin seguía acordándose de mi cumpleaños. Nadie había tenido ese detalle conmigo. Y lo peor de todo es que yo no me acordaba del suyo.
-¿Y por qué?-pregunté despertando de mis pensamientos.
Él me miró extrañado.
-Me refiero a que por qué haces todo esto por mí.-aclaré.
El coche paró en un semáforo. Kevin me miró. Le sonreí, pero él no contestaba. Solamente me miraba y eso me estaba incomodando. Él semáforo se puso en verde y él siguió con sus ojos clavados en mí, pero con la mirada perdida.
-Verde.-alerté-
-¿Eh?-preguntó confundido.
-Me refiero al semáforo.-respondí señalando a este.
El coche se puso en marcha de nuevo. Pude notar a Kevin nervioso. Las manos le sudaban y la mirada la tenía perdida.
-Porque eres mi amiga.-contestó al fin.
Su contestación me dio mucho a que pensar. Tenía la idea de que me estaba mintiendo. Porque si fuera verdad me lo hubiera dicho antes si tanto rodeo. Si tardo en responder fue por algo, ¿no?
Sonreí antes su respuesta y acompañe el gesto con una pregunta estúpida:
-¿Queda mucho?
-Un poco más.-contestó mientras empezó a temblar.

Extendí un brazo hacia su mano derecha y la toqué con la mía. Seguidamente le iba a preguntar por qué estaba temblado, pero un giro brusco del volante que dio hizo que chocáramos contra la pared de un edificio. 

sábado, 6 de julio de 2013

CAPÍTULO 13.

-Ahora que lo pienso, yo tenía un amigo con ese mismo nombre y que por el físico se parece mucho a ti, me pregunto qué estará haciendo.-dije pensando en voz alta.-Hace varios años que no sé nada de él.
-¿Sí? ¡Qué coincidencia!-exclamó.- ¡Háblame de él!
-No.-dije firme.
-¿Por qué?
-Porque eres un desconocido.-dije riendo.-Podrías ser un violador.
-¿Violador?-preguntó entre risas.-No, que yo sepa no lo soy. Pero si ese es el problema, lo podemos arreglar.
-¿Cómo?-pregunté estúpidamente.
-Pues quedando y conociéndonos.-dijo acercándose a mí.- ¿Te dejo mi móvil?
-Vale, ¿entonces tú te compras otro?
-¿Eh?-rio.-Me refiero a mi número de móvil.
-¡Ah! No tengo móvil.
Se quedó un poco extrañado.
-Bueno, hagamos una cosa.-dijo decidido.-Dime dónde te quedas esta noche y mañana me paso y te llevo a almorzar.
-Vale, pero antes, dime tú un lugar en el que pueda quedarme, un motel baratito y no muy lejos, por favor.
-Vale, te llevo en mi coche, ¿quieres que te pague el motel?
-No hace falta, tengo dinero que cogí prestado sin permiso.-dije sonriendo como un angelito.
Él se rio exageradamente y me guio hasta su coche. Me llevó las maletas, intenté evitarlo, pero es muy terco.
Cuando llegamos a su coche, que en vez de un coche parecía una casa con ruedas, y no, no era una caravana, era más lujoso y sin cama, me subí al asiento de copiloto mientras él dejaba mis maletas en la parte de atrás. Pero algo me alertó, él estaba tardando más de lo normal, así que miré por el espejo retrovisor y lo único que pude observar era a él concentrado en mis maletas. 
Era un chico bastante guapo. Sus ojos marrones estaban iluminados y su pelo rubio brillaba bastante con la luz del sol. Me preguntaba cuántos años tendría.
Cerró el maletero y vino hacia el asiento del conductor.
-¿Vamos?-preguntó colocándose el cinturón.
-Sí.-afirmé.
Arrancó el coche y nos pusimos en marcha.
-¿Tú que edad tienes?-pregunté extrañada.
-Diecinueve.-contestó amable.
-Pareces más joven.-añadí con una sonrisa.
Rio por mi comentario.
-¿Tú que edad tienes?
-Hoy cumplo 18, por eso me han echado del lugar donde me críe, donde yo vivo, bueno, vivía.-contesté.-O te adoptan antes de los 18 o cuando los cumplas, te echan y te buscas la vida.
-Lo siento.-dijo triste.-Bueno, me acabas de decir que hoy es tu cumpleaños... ¡Te invito a comer!
-No hace falta.
-Sí, me acabas de decir que te han echado y seguramente te mueres de hambre. Así que te invito a comer.
Le insistí para que no me invitara, pero, como ya dije, era muy terco.
Me llevo a comer a un sitio de comida rápida. Y no se equivocaban en el nombre. Te acercabas a una ventanilla, pedías la comida, y en la siguiente te la daban. 
Aparcamos en un terreno que quedaba cerca y comimos en el mismo coche. 
-Ya me has invitado a comer hoy, así que no hace falta que me invites mañana.-dije rompiendo el silencio.
-No, no. Yo mañana te invito a comer. Y no a un sitio como estos, a un restaurante, que es mucho mejor.
-Te estaré suponiendo muchos gastos.
-No, tranquila.-dijo amable.
Me negué a la idea de que me invitara a almorzar mañana, pero él seguía insistiendo por lo que, al final, acabamos en que me invitaría a comer.
Después de alimentarnos con esa comida rápida, continuamos nuestro trayecto al motel.
Cuando llegamos entramos juntos a recepción. El llevaba mis maletas hasta mi cuarto aun yo habiéndole dicho que ya podía llevar mis maletas, pero no me hizo caso.
Entramos en mi habitación y colocó mis maletas encima de la cama.
-Recuerda, mañana a las 13:30 te vengo a buscar.-dijo con superioridad.
-¡¿A las 13:30?! ¿No a las 14:30?-pregunté sorprendida.
-Ya, pero quiero verte lo antes posible.-dijo acercándose a mí.-Y ponte algo corto, va a hacer calor.-añadió guiándome el ojo, acto seguido, se fue.
Me eché a reír, esa actitud no le pegaba para nada.
Al cabo de un rato de organizar las cosas de mi bandolera, me fui a duchar y me puse el pijama. Me peiné y me cepillé los dientes. Luego, cené unas galletas y un zumo que había traído del orfanato. Más tarde, comencé a arreglar las cosas de la maleta. Vi una tarjeta que no recordaba haber metido. Dudé por unos segundos que alguna de mis compañeras de habitación la hubiera metido ahí. Así que, para salir de dudas, abría la tarjeta. Pero antes observé lo que tenía escrito por fuera: “Feliz cumpleaños”. Después, abrí la tarjeta: “Espero que la hayas pasado bien, aunque eso en ti es muy difícil ya que siempre estás de mal humor, o es lo que le das a entender a todo el mundo. Yo sé que en el fondo eres buena persona y por eso te escribo esta carta de felicitaciones. Quería decirte, que te he echado de menos desde el momento en el que me adoptaron, y me alegra un montón haberte visto hoy y poder haberte entregado esta carta. Atentamente, tu amigo, K. Scrappy.”
Ese apodo, “Scrappy”, estaba claro quién me había escrito esa carta. Lo sospeché desde que leí la letra y desde que lo vi en el parque. No dudaba en que era Kevin, el del orfanato.
Nos habíamos vuelto tan amigos desde la muerte de Alexis. Ya que pasaba todo el tiempo con él y, sobre todo, en la biblioteca. Se había convertido en mi mejor amigo.
Pero algo me hacía dudar, ¿el qué? Pues lo que me había dicho: “ponte algo corto”. Él no era así. A lo mejor había cambiado desde que lo adoptaron.

Ya con las ideas más claras, me fui a dormir deseando a que llegara el día de mañana.

CAPÍTULO 12.

“Hoy es el día”-pensé nada más despertarme.
Me levanté de la cama y caminé hacia el armario. Saqué mi ropa y fui a las duchas.
Terminé de ducharme y de arreglarme siguiendo la rutina que hacía desde siempre.
Bajé a desayunar. Fui hacia la barra y me dieron mi porción de desayuno, luego, caminé hasta mi mesa, en la que después se acoplaron mis compañeras de habitación.
En ese momento, empiezan todos a cantarme “cumpleaños feliz”. Aunque no fuera para nada feliz, me iban a echar por cumplir ya los 18 años.
Les dediqué a todos una falsa sonrisa, no estaba de humor.
Terminaron de cantar, y yo iba a subir a mi cuarto cuando la directora me detiene en las escaleras.
-Solo quiero despedirme de ti.-dijo cariñosamente.
-Vale.-dije cortante.
-Siento mucho esto, para mí también es difícil.
-Lo dudo.-repliqué.
-Y lo que más siento es que desde la muerte de Alexis te hayas vuelto tan fría conmigo. Siempre te quise como a una hija, no me gusta que te comportes así.-dijo ahogándose en lágrimas.
-Pues yo a usted, como una madre. Pero una madre no echa a su hija.
-Cariño, son las reglas.-dijo, de nuevo, cariñosamente.
Le di la espalda, terminando de subir las escaleras hasta llegar a mi habitación.
Cuando estuve lista me despedí de mis compañeras. Ellas estaban llorando, yo no.
-Te echaremos de menos.-dijo Adriana.
-Y mucho.-añadió Wendy rompiendo a llorar.
Sonreí amablemente mientras abría la puerta. Me coloqué la bandolera donde tenía mis cosas más importantes y, con una mano, sostenía la mochila con ruedas. Con la otra, cuando ya estuve fuera, cerré la puerta.
Bajé las escalaras lentamente y con mucho cuidado para no tirar nada, llegué al piso de abajo y estaba la directora con un sobre en la mano.
-Quiero darte esto.-dijo ella tendiéndome dicho sobre.
-¿Qué es?-pregunté con indiferencia.
-Dinero.
-¿Y por qué?
-Porque me cuesta mucho saber que te vas y quiero darte dinero para que por lo menos, durante unos días, no lo pases tan mal.
-No me hace falta, ya he cogido dinero de unos ahorros.
-Sí que te hace falta.
-A lo mejor. Pero ese dinero me lo tienes que dar a mí y a todos los que se vayan, porque es muy duro que te echen de tu única casa en la que has vivido prácticamente toda tu vida con las manos vacías.-dije seria.
Ella se quedó callada y yo continué hasta llegar a la puerta. La abrí delicadamente pudiendo ver a cámara lenta como la luz del exterior iluminaba el lúgubre vestíbulo del orfanato. Pude ver colinas de distintos verdes, flores de varios colores, árboles llenos de vida, el cielo azul y algún pájaro. Todo estaba en perfecta armonía. Para mí esto no era nuevo del todo, pero desde que se fue Alex, que hacen ya 2 años, no nos han dejado salir del orfanato. Ni si quiera al jardín.
Me encontraba en una acera estrecha. Podía ir a la izquierda o tal vez a la derecha. También podía cruzar la calle. Elegí ir por la derecha.
Mientras caminaba observaba detenidamente cada paso que daba y cada farola, poster, etc. que veía.
Tras varias horas caminando llegué a un parque. Allí me senté en un banco a descansar.
A los pocos minutos, un chico de ojos claros, se sienta a mi lado. Este chico me resultaba conocido.
Noté que me observaba y me molestó, no llevaba un día gratificante.
-¿Qué?-pregunté  explotando de rabia.- ¿Tengo monos en la cara o cara de mono?
Él se rio y yo me sonrojé. Me vino a la mente, que lo que acababa de decir, lo decíamos los niños del orfanato cuando se nos quedaban mirando de esa manera.
Él ignoró la pregunta y acostó la cabeza en la parte superior del respaldar del banco en una posición que le permitía ver el cielo. Entonces fui yo la que le observó detenidamente.
-Esa es una maleta muy grande.-dijo rompiendo el silencio.
-¿Eh?-pregunté distraída.- ¡Ah! Es que me acaban de echar.
-¿De tu casa?-preguntó extrañado mientras se colocaba bien.
-Se podría decir que sí.-contesté dudosa.
El silencio volvió y yo me quedé pensando en que por qué le estaba contando todo a un desconocido. Aunque me sentía muy bien con su compañía.
-Dime tu nombre.-exigió amable.
-¿Y si no quiero?-pregunté malhumorada.
-Vale, vale, no me comas.
Abrí los ojos como platos. Esa también era una de las frases que decíamos los niños del orfanato de 5 años.
-Me llamo Je…Josefina.-claramente mentí.
-Sí, y yo Pepito.-replicó irónicamente.
Reí por su comentario.
-Vale, me has pillado.-dije entre risas.-Me llamo Jessica, ¿y tú?
-Pepito, ¿no te lo dije antes?-preguntó aguantando las risa.
Le miré con una mirada fulminante.

-Me llamo Kevin.

lunes, 17 de junio de 2013

CAPÍTULO 11.

La cabeza me empezó a doler. El dolor era insoportable, así que me levanté a la cocina a por unas pastillas.
-¡Buenos días!-saludé.
-Buenos días.-dijeron unas de ellas.
-¿Tienen algo para el dolor de cabeza?-pregunté sosteniéndome en la pared.
-Sí, toma esto.-contestó una de ellas dándome una pastilla y un vaso de agua.
Me la tomé y subí de nuevo a mi habitación para cambiarme de ropa y arreglarme.
Por el camino, me tropecé con la directora. La veía preocupada y angustiada.
-Madre, ¿qué sucede?-pregunté tímidamente.
Ella me miró melancólicamente.
-Alex ha desaparecido.-contestó con los ojos rayados.-No le digas nada a nadie.
-Tranquila madre, no diré nada.-dije agradable.
Madre me sonrió y me dijo que me fuera a mi cuarto, que tenía unos minutos más para dormir.
Subí a mi habitación y descansé unos minutos más hasta llegar el momento de prepararnos para el nuevo día.
Cuando estuve lista, bajé al salón. Me senté en el mismo sillón de siempre y comencé a recordar la primera vez que Alex se acercó a mí con sus perros falderos.
Llegué  a la conclusión de que Alexis me estaba importando mucho y que no podía quedarme de brazos cruzados sabiendo que él ha desaparecido. Me levanté dispuesta a entrar de nuevo al bosque, pero alguien me detuvo tras yo estar a pocos pasos de este.
-No entres.-dijo esa voz por detrás de mí.-Ahí ha desaparecido Alex, ¿no querrás desaparecer tú también?
Me giré para ver quién era. Kevin.
-Lo sé, pero quiero encontrarle.-dije dudosa.
-No lo vas a encontrar.-afirmó serio.
-¿Tú qué sabes?-pregunté borde.
-El bosque es enorme.
Kevin tenía razón.
-Vale, tienes razón.
-¿Entramos al salón? La directora quiere anunciar algo.
Asentí con la cabeza y entramos. Allí estaban todos en fila, ansiosos por saber qué irá a decir la directora.
-Queridos, siento mucho decirles esto, pero es necesario que lo sepan. Vuestro compañero y amigo Alexis no solo ha desaparecido también ha…-no pudo continuar, estaba atragantada en lágrimas.
El silencio que habitaba la sala para escuchar a la directora se deshizo. Todos empezamos a murmurar preguntando qué es lo que le había pasado a Alexis.
-Alexis ha fallecido.-completó el director.
Un silencio interrumpido por algunos llantos se apoderó de la sala. Yo no podía llorar, ni soltar una lágrima. No tenía fuerzas para llorar. Esa noticia hizo que mis ánimos y fuerzas bajasen al mínimo. No podía mantenerme ni en pie. Por suerte tenía detrás un sofá y me senté. Kevin hizo lo mismo.
Estuve sentada unos segundos analizando lo que acababa de pasar. No me lo podía creer, Alexis muerto. Era algo impactante.
-Kevin, llévame a mi cuarto.-dije seria.-Ayúdame a levantarme y llévame a mi cuarto.-aclaré.-Por favor.-añadí con una falsa sonrisa.
Él no mostró ninguna expresión en su cara, solo se limitó a llevarme a mi cuarto.
Cuando llegamos no había nada, ya que todos estaban en la sala, llorando o lamentándose por la muerte de Alexis. Seguro que lo que muchas chicas sienten es que se haya ido un “tío bueno”.
Kevin me dejó en mi cama, y yo mientras miraba al vacío pensando en Alexis. Me di cuenta que Kevin se iba, así que lo agarré por la parte de atrás de su camisa y rompí a llorar. Cuando se percató de que estaba llorando, se dio la vuelta, se sentó a mi lado, en la cama, y, amablemente, me acarició la cabeza. Yo me recosté en su hombro.

A partir de aquí empezaron los días de luto.

CAPÍTULO 10.

-¿Kevin?-murmuré dudosa.
-Sí.-contestó sonriente.
Se hizo un silencio incómodo. Ninguno sabía qué decir. 
-¿Te gusta el libro "50 sombras de Grey"?-preguntó tras darse cuenta de que no le quitaba el ojo de encima a dicho libro.
-Sí, me encanta.-contesté.-Es mi libro favorito.
-¡Que coincidencia!-exclamó.-También es mi libro favorito.-añadió contento.
Cada vez me empezaba a caer mejor este chico.
-¿Y cuántas veces te lo has leído?-pregunté curiosa.
-Siete veces. ¿Y tú?
-Una vez.
-¿Solo una?-repitió sorprendido.
-Sí.-respondí.-No me gusta leerme un libro dos veces.
-¿Y eso?
-Porque ya se todo lo que va a pasar después y eso no me gusta.
-Interesante opinión.
-¿Y tú? ¿Por qué te los lees tantas veces?
Él se quedó pensando en qué responder. Yo aproveché esos momentos y cogí una silla y me senté a su lado.
Mire hacia la puerta y estaba Alexis.
-¿Qué haces aquí, Alexis?-pregunté irritada.
-Te dije que me sabía todos los lugares de este orfanato. También que sé dónde hay lugares para esconderse. Y este es uno de ellos.
-Me alegro.-dije sarcástica.-Ahora vete tú, o me voy yo.
-Vete tú. Yo quiero estar aquí.
-Vale.-contesté.
-Adiós, Kevin. Otro día seguimos hablando.-dije despidiéndome.-Me has caído muy bien.
Me levanté de la silla y me dirigí hacia la puerta.
-Adiós Jessica.-replicó contento.
Salí de la habitación y caminé hacia el árbol. Allí pude ver una imagen que aparte de molesta e irritante, me asombraba, y mucho. Estaba Ainhoa con uno de los perros falderos, Cristian, en plena acción, es decir, basándose. No quería interrumpirles, pero quería subir a mi árbol.
Me acerqué a ellos, pero no se dieron cuenta de mi presencia, así que decidí toser un poco para que me notasen.
Por fin se dieron cuenta de que estaba ahí, me miraron con una cara indescriptible.
-¿Cuánto has visto?- preguntó Cristian con tono de machito.
-Lo suficiente para estar vomitando una semana.-contesté poniendo cara de asco, pero luego, sin querer eché una sonrisa disimulada.
-No se lo digas a Alex.-me ordenó.
-Como si… 
En ese momento una voz conocida me interrumpió, miré y era Alex.
-¿Qué no me diga el qué?-preguntó con una tonalidad agresiva.
-Esto…mmm…pues nada, lo de siempre, ¿qué habrá hoy para cenar?-tartamudeó Ainhoa.
-Oye, Aino, Alex sabe que tú y yo somos…-En ese momento Ainhoa le echó una mirada fulminante.
-Sí, Ainhoa, sé que estás saliendo con Cris, esa es una de las razones por las que te aguanto.-dijo sin quitarme la mirada.-Eres la que mantiene ocupado a Cris y…-se detuvo.
Lo que es raro, porque no tenía nada que ver, era yo ahí oyendo la conversación, así que suspiré y empecé a caminar en dirección al comedor, tenía hambre, mucha hambre.
-Jessica, espera, Alex, dime la razón principal antes de que Jessi se marche.-insistió Ainhoa.
A Ainhoa se le notaban las chispas que le salían por los ojos.
-A mí no me interesa su razón, pero creo que la principal razón por la que él te aguante es porque le mentiste sobre la información de sus verdaderos padres, y sé que es mentira porque a mí me lo han hecho varias veces, por eso ya me cansé sobre ese tema.-repliqué sin pensar.
Cuando me di cuenta de lo que había dicho, me arrepentí, nadie excepto los directores, Adrián, mi antigua mejor amiga, Sara, y unas pocas personas más sabían eso. Miré a mí alrededor y todos me estaban mirando con los ojos bien abiertos.
-Creo que hablé demasiado.-intenté sonreír, pero no hubo manera.
-¿Alex te ha contado sobre su familia?-preguntó Ainhoa confundida, me sentí un poco aliviada al ver que no le dio importancia a lo mío.
-No, sin querer escuché sobre eso…-murmuré.
Cristian no me quitaba lo ojos de encima y Alex, un tanto de lo mismo.
En ese momento Alex, que estaba detrás de Ainhoa, vino caminando rápido hacia mí, me asusté sin razón alguna y salí corriendo en dirección al bosque.
Mientras corría sin rumbo, analicé todo lo que había pasado, aunque me era bastante confuso, conseguí entender una pequeña parte. Entonces, me caí al suelo, no porque me tropezara sino porque alguien me empujó por detrás. Como no, era Alex. Intenté escapar pero yo estaba tumbada en el suelo, inmovilizada porque él estaba encima de mí.
-Dime todo sobre tu infancia.-ordenó serio.
-No sé nada de mi infancia, no tengo recuerdos.
No sé por qué le estaba respondiendo.
-Exactamente, ¿a qué edad llegaste, o te encontraron y te trajeron aquí?-siguió preguntando.
-Nadie lo se sabe.-contesté.-Pero por mi aspecto se dedujo que a los tres o cuatro años.
Me estaba empezando a asustar, Alexis tenía una expresión en la cara que nunca había vista en otra persona.
-¿Para qué lo quieres saber?-pregunté confusa.
-Eres tú…-murmuró.
-Soy yo…-repetí.
-¿Cómo lo haces?-preguntó.- ¿Cómo consigues aparecer en todos lados? Tarde dos años en olvidarme de ti, y ahora vuelves a aparecer, ¿sabes lo que te digo? Que te pierdas de mi vista, no te quiero volver a ver nunca más. Me hiciste mucho daño, muchísimo.-respondió enfadado.
-¿Qué?-pregunté confundida.
-Lo sabe perfectamente, o deberías de saberlo.
Alexis se dio media vuelta y se fue. Me dejó allí sola meditando sobre qué podría haber hecho yo en el pasado que le hubiera enfadado tanto. Pero es que, no tengo mucho que recordar.  
Caminé yo también hacia el orfanato. De camino, le seguía dando vueltas, pero llegué a la conclusión de que se había confundido de persona, yo nunca he hecho daño a nadie de tal forma de que me diga semejantes cosas. O eso creo.
Llegué al orfanato, y fui al salón. En el sofá estaban Ainhoa y Cristian hablando, me vieron llegar y posaron su mirada en mí.
-¿Qué?-pregunté.
Ellos negaron con la cabeza como queriendo: “nada, nada”.
Continué mi camino. ¿A dónde iba? A la biblioteca que había encontrado. Allí, esperaba encontrarme a Kevin, pero no había nadie. Cogí un libro que estaba en una mesilla y comencé a leerlo todo el tiempo que me quedaba de día.
Iba leyendo y, poco a poco, fui cerrando los ojos hasta quedarme dormida.
Desperté en mi habitación con una nota debajo de la almohada. Era de Kevin y decía: “Anoche te vi dormida en la biblioteca y para evitarte problemas con madre te llevé a tu habitación.”
Sonreí tras el favor que me había hecho.

Miré el reloj y todavía tenía media hora más para poder dormir. Pero no pude. Le estaba dando vueltas a lo de Alexis. No comprendía por qué me había dicho eso, y mucho menos, lograba recordar que había hecho yo en el pasado que le causara tantas molestias.