viernes, 31 de mayo de 2013

CAPÍTULO 3.

Esos días estuve evitando a Alex y a sus perros falderos.
A parte del tema de Alex, empezó la organización de las clases que nos dan en el orfanato para sobrevivir en el mundo de fuera, por si no nos adoptan.
Fui a ver qué compañeros me tocaban en el grupo de clase doméstica y para colmo me tocó con Alex, 3 de sus perros falderos y, para decirlo fino, la fulana del orfanato, Ainhoa, que es 2 años mayor que nosotros, que ha repetido 2 veces y que no se separa de Alex. De verdad me irrita.
-Vaya, vaya.-dijo acercándose a mí con un tono un poco irritante.
-Llevémonos bien.-dije sin ganas.
Se echó a reír y  fui a hablar con la profesora para que cambiara de grupo. Me dijo que es imposible, que los grupos son de 6 y no se pueden cambiar. Por suerte las clases empiezan en 2 meses, me sentí un poco aliviada.
Esa misma tarde iba explorando el orfanato, ya que mis compañeras de cuarto estaban insoportables.
Me dirigí a la sala de ordenadores a buscar videos de mis grupos de música favoritos, como “One Direction” o “The Wanted”. Sin darme cuenta, a los minutos vi que allí estaba Alex, y como no, Ainhoa oliéndole el trasero.
Evité el contacto visual.
Me metí en internet y empecé a ver vídeos de música de mis grupos favoritos  y sin darme cuenta, estaba cantando en un tono de voz normal, por lo que me podían escuchar.
De repente, sin yo esperármelo, Ainhoa me quitó los cascos.
-¿Te quieres callar? ¡Vas a hacer que llueva, no, que haya un terremoto!-exclamó con un tono un tanto celosa.
-¡Ay!, déjala, su voz es bonita.-añadió Alexis mirándome con una sonrisa falsa.
Cerré la página de internet en la que estaba y decidí marcharme del lugar. Me levanté de la silla en la que estaba sentada y voy y me tropiezo con los cables cayendo de narices.
Ainhoa se empezó a reír como una estúpida, que es lo que es, y Alex directamente me ignoró, eso me hizo sentir mal.
Me fui al parque, me subí al árbol y me escondí entre sus ramas para que no me encontrasen tan fácilmente. Me eché a llorar como nunca lo había hecho, tenía muchos sentimientos a la vez y eso me alteró.
Al cabo de un rato, cuando me calmé, oí un ruido. Bajé del árbol y me di cuenta de que todo estaba oscuro, había anochecido.
En ese momento, vi la luz de una linterna.
-¡Mierda! ¡Los guardias!-susurré para mí misma lo más bajo que mi voz podía hablar.
Entonces algo me agarró por detrás y en vez de gritar, me desmayé del susto.
Cuando abrí los ojos estaba acostada en el regazo de alguien, pero seguía oscuro.
-Menudo susto te has llevado.-dijo una voz conocida mientras encendía una linterna, robada, claro está.
-¡Alex!-dije levantándome bruscamente.
Me puso la mano en la cara y volvió a colocar mi cabeza sobre su blandito muslo.
-¿Por qué me has estado evitando?-preguntó en un tono deprimido y serio, más serio que deprimido.
-Esto…yo…me tengo que ir, nos estarán buscando.-se notó bastante que me puse muy, pero que muy nerviosa.
-Esta vez no te me escaparas.-dijo agarrándome del brazo.
-Tenemos que volver, se preocuparán por nosotros.
-Antes respóndeme, ¿yo te gusto?
-No.-mentí.- ¿Y yo a ti?
-Puede ser…-respondió ruborizado.-Bueno, te llevo a tu habitación.
Me llevó hasta la puerta de mi cuarto, no dijo nada, solamente se limitó a darme un beso en el cachete de despedida. Aproveché ese momento para decirle al oído que puede que antes, haya mentido. Entré en mi cuarto y ahí estaban mis compañeras y la directora del orfanato, a la que todos llamábamos “madre”, esperándome.
-¿Dónde estabas?-preguntó seria.
-Lo siento, madre.-dije con un nudo en la garganta.-El tiempo estaba tan bueno que sin querer me dormí a la sombra de un árbol, procuraré que no vuelva a pasar.
-Eso espero, vete a duchar y mañana por la mañana te quiero en mi despacho.-Ordenó y se fue.
Hice lo que me dijo y cuando regresé a mi cuarto mis amigas me acribillaron a preguntas, no se creían mi escusa, ellas sabían perfectamente que no era tan descuidada.
-No os voy a contar lo que paso.-Rechisté muy seria.
-Anda, cuéntanos.-Insistió Nayara.
-Vale…
-¡Venga!-Exclamaron las cuatro a la vez.
-Estaba en mi lugar de descanso cuando alguien vino por detrás me asuste y me desmayé. Cuando desperté era de noche y estaba apoyada en el regazo de un chico, hablamos y el me trajo para aquí.-Expliqué hablando muy rápido, lo suficiente como para que no me entendieran.-Y ese es el motivo, ¿contentas?
Me senté en mi cama y me quité los zapatos.
Todas estaban boquiabiertas al ver mi capacidad para hablar tan rápido.
-No te hemos entendido nada.-Dijo Carolina.
-Lo siento, no quiero explicar de nuevo.-Dije a la vez que me acostaba.-Bueno me voy a dormir, buenas noches.
Me arropé con mis sábanas y dormí genial.
Al día siguiente me levanté como siempre, en busca de mis zapatillas. Luego, me puse en pie y caminé hacia el escritorio en busca de mis gafas. Después, me dirigí al armario a buscar mi uniforme. Lo coloqué en la cama y cogí una toalla para bajar a ducharme.
-¡Señoritas!-exclamó madre por un altavoz.- ¡Los baños de las chicas se están reparando ya que debido a ciertos motivos están estropeados!
-¿Entonces dónde nos duchamos?-preguntó una de las chicas.
-En las duchas de los chicos.-contestó y se fue dejándonos indignadas ante la idea de ducharnos en aquellos baños.
Yo no iba a quedarme sin asearme por evitar pasar unos minutos de vergüenza, desnuda, en un plato de ducha en el que antes se ha duchado un chico.
 
Cogí mis cosas y entré al baño de los chicos. Ahí estaba el director.
-¡Una chica aquí!-exclamó un idiota rociándome de desodorante de spray.
-¡Es la novia de Alexis!-añadió otro de los chicos.
Yo ignoré todos los comentarios y me aguante las ganas de pegarle a aquel chico que me había rociado.
-Director, ¿en cuál ducha me puedo duchar?-pregunté mientras detrás de mí iban llegando las demás chicas.
El mismo idiota del spray pasó por ahí y nos roció a todas. Yo seguí aguatando las ganas. Las demás chicas también.
-En el fondo hay 5 duchas libres, iros turnando.
Nosotras hicimos lo que el director nos explicó y yo salí la primera lista y duchada con la toalla enrollada. Me la apreté bien porque no quería pasar un momento de vergüenza delante de aquellos estúpidos.
 
Cuando me dirigía a la puerta para salir de las duchas y dirigirme a mi habitación, apareció, de nuevo, el idiota del spray impidiéndome salir de allí.

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