-Me vuelves a
rociar con eso y te dejo sin hijos.-amenacé.
-Vale, vale discúlpeme usted, señorita.
-Deja de impedirme el paso.-exigí cambiando de tema.
-¿Qué me das a cambio?-preguntó un tanto pícaro.
Le eché una mirada fulminante y me cogió de la cintura pegándome a él.
-¡Suéltame!-exclamé.
Él me ignoró.
En ese momento aparece Alexis.
-David, la chica te ha dicho que la sueltes.-añadió Alexis.
-¿Y si no quiero?-preguntó desafiante.
-Yo no te voy a hacer nada, pero por experiencia, sé que ella sí.
Aproveché el momento y le di una patada a David, el idiota del spray, en el estómago.
-Gracias, Alexis, aunque no tenías por qué hacerlo, yo me se defender sola.-expliqué desafiante.
-Con el "gracias" me conformo.-replicó con aires de superioridad.
Salí del baño y regresé a mi habitación a vestirme y prepararme para mi nuevo día en este lugar.
Bajé al comedor para tomar mi desayuno. Me senté sola, sin nadie a mí alrededor. De repente, se abre la puerta de la sala y aparece Alexis agarrado de manos con Ainhoa. Evité mirarles.
Terminé de desayunar y me dirigía a la puerta para irme a mi habitación. Tenía que pasar al lado de Alexis y cuando lo hice, me puso la zancadilla y caí encima de David.
-¡Nos volvemos a encontrar!-exclamó David.
Ignoré, como suelo hacer, su comentario y me puse en pie.
-¿No me ayudas a levantar?-preguntó.
-No, levántate solo.
Ainhoa, Alexis y los de su alrededor no paraban de reírse. Yo me di la vuelta y me dirigí a ellos.
-Querido Alexis, esta me la pagas.-amenacé.-Y que sepas que lo que digo, lo cumplo.
Los deje con la palabra en la boca y me fui de ahí.
-Estúpido Alexis. Ponerme en ridículo.-pensé.
Me encerré en mi habitación, pero sabía que ahí podía venir cualquiera de mis compañeras e interrumpirme mi momento de soledad. Entonces, fui al árbol.
Mientras iba, rezaba no encontrarme a Alexis. Pero, para mi mala suerte, estaba él en el árbol hablando con uno de sus perros falderos. Me acerqué para oírles evitando que me vieran.
-No soporto más a Ainhoa.-dijo Alexis.
-Pues deja de estar con ella.-contestó su amigo.
-Si pudiera...pero sabes que tengo que estar con ella sí o sí.
-Pero, ¿no te has parado a pensar que esa información de tus padres que dice que tiene, puede ser mentira?
-Lo sé, pero no me quiero arriesgar.
-Allá tú. Yo solo te digo que si no quieres estar con ella no lo estés. Todo puede ser mentira. Sabes perfectamente lo que es capaz de hacer por obtener lo que quiere.
-Lo sé, lo sé.-dijo cabizbajo.
De repente Alexis levanta la mirada y me ve.
-¡Mierda!-pensé.
Salí corriendo lo más rápido que pude. Sabía que él era mucho más rápido y podía alcanzarme, y tenía razón, me atrapó.
-¿Sabes que es de mala educación escuchar conversaciones ajenas?-preguntó tomándome por el brazo.
-Yo no tengo la culpa de haberte escuchado. Yo iba al árbol y te vi ahí.-contesté firme y grotesca.
-¿Por qué me hablas así?-preguntó extrañado.
-Te hablo como me da la gana.-contesté seria.
-¿Te he hecho algo?-volvió a preguntar.
-No, nada.-murmuré.
Él se dio cuenta de que mentí, y creo, que de la impresión, me soltó el brazo y se quedó paralizado. Aproveché para salir corriendo. Esperaba que me siguiera, pero no lo hizo. Esto consiguió que me entristeciera y que soltara una lágrima. Ese chico me irritaba de verdad, pero, desde que tengo algunos recuerdos de mi pasado, nunca nadie antes había hecho sentirme así. Me tiré al suelo y empecé a llorar desconsoladamente.
-¿Por qué estoy llorando?-pensé.
Cuando estaba más tranquila, levanté la mirada y pude ver que me había adentrado al bosque. Sentía que alguien me observaba, y eso me hacía sentir nerviosa.
-¿Quién anda ahí?-pregunté con la voz temblorosa.
Oí un ruido de una rama que estaba detrás de mí. Rápidamente, hui en la dirección contraria.
-Vale, vale discúlpeme usted, señorita.
-Deja de impedirme el paso.-exigí cambiando de tema.
-¿Qué me das a cambio?-preguntó un tanto pícaro.
Le eché una mirada fulminante y me cogió de la cintura pegándome a él.
-¡Suéltame!-exclamé.
Él me ignoró.
En ese momento aparece Alexis.
-David, la chica te ha dicho que la sueltes.-añadió Alexis.
-¿Y si no quiero?-preguntó desafiante.
-Yo no te voy a hacer nada, pero por experiencia, sé que ella sí.
Aproveché el momento y le di una patada a David, el idiota del spray, en el estómago.
-Gracias, Alexis, aunque no tenías por qué hacerlo, yo me se defender sola.-expliqué desafiante.
-Con el "gracias" me conformo.-replicó con aires de superioridad.
Salí del baño y regresé a mi habitación a vestirme y prepararme para mi nuevo día en este lugar.
Bajé al comedor para tomar mi desayuno. Me senté sola, sin nadie a mí alrededor. De repente, se abre la puerta de la sala y aparece Alexis agarrado de manos con Ainhoa. Evité mirarles.
Terminé de desayunar y me dirigía a la puerta para irme a mi habitación. Tenía que pasar al lado de Alexis y cuando lo hice, me puso la zancadilla y caí encima de David.
-¡Nos volvemos a encontrar!-exclamó David.
Ignoré, como suelo hacer, su comentario y me puse en pie.
-¿No me ayudas a levantar?-preguntó.
-No, levántate solo.
Ainhoa, Alexis y los de su alrededor no paraban de reírse. Yo me di la vuelta y me dirigí a ellos.
-Querido Alexis, esta me la pagas.-amenacé.-Y que sepas que lo que digo, lo cumplo.
Los deje con la palabra en la boca y me fui de ahí.
-Estúpido Alexis. Ponerme en ridículo.-pensé.
Me encerré en mi habitación, pero sabía que ahí podía venir cualquiera de mis compañeras e interrumpirme mi momento de soledad. Entonces, fui al árbol.
Mientras iba, rezaba no encontrarme a Alexis. Pero, para mi mala suerte, estaba él en el árbol hablando con uno de sus perros falderos. Me acerqué para oírles evitando que me vieran.
-No soporto más a Ainhoa.-dijo Alexis.
-Pues deja de estar con ella.-contestó su amigo.
-Si pudiera...pero sabes que tengo que estar con ella sí o sí.
-Pero, ¿no te has parado a pensar que esa información de tus padres que dice que tiene, puede ser mentira?
-Lo sé, pero no me quiero arriesgar.
-Allá tú. Yo solo te digo que si no quieres estar con ella no lo estés. Todo puede ser mentira. Sabes perfectamente lo que es capaz de hacer por obtener lo que quiere.
-Lo sé, lo sé.-dijo cabizbajo.
De repente Alexis levanta la mirada y me ve.
-¡Mierda!-pensé.
Salí corriendo lo más rápido que pude. Sabía que él era mucho más rápido y podía alcanzarme, y tenía razón, me atrapó.
-¿Sabes que es de mala educación escuchar conversaciones ajenas?-preguntó tomándome por el brazo.
-Yo no tengo la culpa de haberte escuchado. Yo iba al árbol y te vi ahí.-contesté firme y grotesca.
-¿Por qué me hablas así?-preguntó extrañado.
-Te hablo como me da la gana.-contesté seria.
-¿Te he hecho algo?-volvió a preguntar.
-No, nada.-murmuré.
Él se dio cuenta de que mentí, y creo, que de la impresión, me soltó el brazo y se quedó paralizado. Aproveché para salir corriendo. Esperaba que me siguiera, pero no lo hizo. Esto consiguió que me entristeciera y que soltara una lágrima. Ese chico me irritaba de verdad, pero, desde que tengo algunos recuerdos de mi pasado, nunca nadie antes había hecho sentirme así. Me tiré al suelo y empecé a llorar desconsoladamente.
-¿Por qué estoy llorando?-pensé.
Cuando estaba más tranquila, levanté la mirada y pude ver que me había adentrado al bosque. Sentía que alguien me observaba, y eso me hacía sentir nerviosa.
-¿Quién anda ahí?-pregunté con la voz temblorosa.
Oí un ruido de una rama que estaba detrás de mí. Rápidamente, hui en la dirección contraria.
Me encontré con una
cabaña abandonada y por curiosidad entré. Empecé a palpar las paredes a ver si
encontraba algún interruptor o algo parecido para que alumbre la casa, ya que
estaba muy oscura.
Cansada de buscar,
decidí salir de la casa y abrir las ventanas para que entrase claridad.
-Parezco tonta, ¿cómo no se me había ocurrido antes?- Pensé.- Esto ya es otra cosa.
Volví a entrar y noté que una tabla de madera del suelo estaba suelta, así que decidí moverla para ver si había algo interesante con lo que me pudiera entretener. Lo abrí, pero empezaron a salir toda clase de bichos y ratas, entonces salí de allí corriendo del asco, pero me volví a perder en aquel frondoso bosque.
-Chiquito laberinto.- anuncié en voz alta con toda la tranquilidad del mundo.
-Se te ve tranquila para estar tan perdida.-anunció una voz que provenía de la nada.
-Parezco tonta, ¿cómo no se me había ocurrido antes?- Pensé.- Esto ya es otra cosa.
Volví a entrar y noté que una tabla de madera del suelo estaba suelta, así que decidí moverla para ver si había algo interesante con lo que me pudiera entretener. Lo abrí, pero empezaron a salir toda clase de bichos y ratas, entonces salí de allí corriendo del asco, pero me volví a perder en aquel frondoso bosque.
-Chiquito laberinto.- anuncié en voz alta con toda la tranquilidad del mundo.
-Se te ve tranquila para estar tan perdida.-anunció una voz que provenía de la nada.
Se notó que esa voz
se reía un poco.
Esa voz me hizo sentir escalofríos por todo el cuerpo, ¿esa voz me la había imaginado?, ¿es producto de mi imaginación o esa voz era de alguien real?
Salí corriendo rápidamente hacia no sé dónde. Estaba tan nerviosa y asustada que empecé a llorar, nunca había sentido eso. Luego, noté que alguien me seguía, intenté gritar para que alguien me escuchase y fuera en mi busca, pero no me salía la voz.
Justo en el momento más
oportuno noté que alguien me ponía la zancadilla y me caía de cara. Me giré
hacia atrás para ver si todavía me seguía alguien pero no había nadie. Sentí
que me caía un líquido por la nariz y efectivamente, estaba sangrando por la
nariz. Me levanté con las pocas fuerzas que me quedaban e inesperadamente
llegué al orfanato, sin que nadie lo notase fui al cuarto a por mi toalla de
baño para ir a ducharme y limpiarme la sangre, para luego, irme a dormir. Pero
no dormí en mi habitación, dormí en una habitación que había encontrado hace
unos días vacía.Esa voz me hizo sentir escalofríos por todo el cuerpo, ¿esa voz me la había imaginado?, ¿es producto de mi imaginación o esa voz era de alguien real?
Salí corriendo rápidamente hacia no sé dónde. Estaba tan nerviosa y asustada que empecé a llorar, nunca había sentido eso. Luego, noté que alguien me seguía, intenté gritar para que alguien me escuchase y fuera en mi busca, pero no me salía la voz.
Al día siguiente me desperté sin ganas algunas de levantarme, noté la almohada húmeda, entonces me toqué la boca para ver si eran mis babas, pero no, entonces noté que estaba llorando dormida. Alguien abrió la puerta y encendió la luz, como todavía estaba media dormida me costó distinguir quién era, pero al cabo de un rato me di cuenta de que era, el director un tanto preocupado.
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