-Ahora que lo pienso, yo tenía un amigo con ese mismo
nombre y que por el físico se parece mucho a ti, me pregunto qué estará
haciendo.-dije pensando en voz alta.-Hace varios años que no sé nada de él.
-¿Sí? ¡Qué coincidencia!-exclamó.- ¡Háblame de él!
-No.-dije firme.
-¿Por qué?
-Porque eres un desconocido.-dije riendo.-Podrías ser un
violador.
-¿Violador?-preguntó entre risas.-No, que yo sepa no lo
soy. Pero si ese es el problema, lo podemos arreglar.
-¿Cómo?-pregunté estúpidamente.
-Pues quedando y conociéndonos.-dijo acercándose a mí.- ¿Te
dejo mi móvil?
-Vale, ¿entonces tú te compras otro?
-¿Eh?-rio.-Me refiero a mi número de móvil.
-¡Ah! No tengo móvil.
Se quedó un poco extrañado.
-Bueno, hagamos una cosa.-dijo decidido.-Dime dónde te
quedas esta noche y mañana me paso y te llevo a almorzar.
-Vale, pero antes, dime tú un lugar en el que
pueda quedarme, un motel baratito y no muy lejos, por favor.
-Vale, te llevo en mi coche, ¿quieres que te pague el motel?
-No hace falta, tengo dinero que cogí prestado sin permiso.-dije sonriendo como un angelito.
Él se rio exageradamente y me guio hasta su coche. Me llevó las maletas, intenté evitarlo, pero es muy terco.
Cuando llegamos a su coche, que en vez de un coche parecía una casa con ruedas, y no, no era una caravana, era más lujoso y sin cama, me subí al asiento de copiloto mientras él dejaba mis maletas en la parte de atrás. Pero algo me alertó, él estaba tardando más de lo normal, así que miré por el espejo retrovisor y lo único que pude observar era a él concentrado en mis maletas.
Era un chico bastante guapo. Sus ojos marrones estaban iluminados y su pelo rubio brillaba bastante con la luz del sol. Me preguntaba cuántos años tendría.
Cerró el maletero y vino hacia el asiento del conductor.
-¿Vamos?-preguntó colocándose el cinturón.
-Sí.-afirmé.
Arrancó el coche y nos pusimos en marcha.
-¿Tú que edad tienes?-pregunté extrañada.
-Diecinueve.-contestó amable.
-Pareces más joven.-añadí con una sonrisa.
Rio por mi comentario.
-¿Tú que edad tienes?
-Hoy cumplo 18, por eso me han echado del lugar donde me críe, donde yo vivo, bueno, vivía.-contesté.-O te adoptan antes de los 18 o cuando los cumplas, te echan y te buscas la vida.
-Lo siento.-dijo triste.-Bueno, me acabas de decir que hoy es tu cumpleaños... ¡Te invito a comer!
-No hace falta.
-Sí, me acabas de decir que te han echado y seguramente te mueres de hambre. Así que te invito a comer.
Le insistí para que no me invitara, pero, como ya dije, era muy terco.
Me llevo a comer a un sitio de comida rápida. Y no se equivocaban en el nombre. Te acercabas a una ventanilla, pedías la comida, y en la siguiente te la daban.
Aparcamos en un terreno que quedaba cerca y comimos en el mismo coche.
-Ya me has invitado a comer hoy, así que no hace falta que me invites mañana.-dije rompiendo el silencio.
-No, no. Yo mañana te invito a comer. Y no a un sitio como estos, a un restaurante, que es mucho mejor.
-Te estaré suponiendo muchos gastos.
-Vale, te llevo en mi coche, ¿quieres que te pague el motel?
-No hace falta, tengo dinero que cogí prestado sin permiso.-dije sonriendo como un angelito.
Él se rio exageradamente y me guio hasta su coche. Me llevó las maletas, intenté evitarlo, pero es muy terco.
Cuando llegamos a su coche, que en vez de un coche parecía una casa con ruedas, y no, no era una caravana, era más lujoso y sin cama, me subí al asiento de copiloto mientras él dejaba mis maletas en la parte de atrás. Pero algo me alertó, él estaba tardando más de lo normal, así que miré por el espejo retrovisor y lo único que pude observar era a él concentrado en mis maletas.
Era un chico bastante guapo. Sus ojos marrones estaban iluminados y su pelo rubio brillaba bastante con la luz del sol. Me preguntaba cuántos años tendría.
Cerró el maletero y vino hacia el asiento del conductor.
-¿Vamos?-preguntó colocándose el cinturón.
-Sí.-afirmé.
Arrancó el coche y nos pusimos en marcha.
-¿Tú que edad tienes?-pregunté extrañada.
-Diecinueve.-contestó amable.
-Pareces más joven.-añadí con una sonrisa.
Rio por mi comentario.
-¿Tú que edad tienes?
-Hoy cumplo 18, por eso me han echado del lugar donde me críe, donde yo vivo, bueno, vivía.-contesté.-O te adoptan antes de los 18 o cuando los cumplas, te echan y te buscas la vida.
-Lo siento.-dijo triste.-Bueno, me acabas de decir que hoy es tu cumpleaños... ¡Te invito a comer!
-No hace falta.
-Sí, me acabas de decir que te han echado y seguramente te mueres de hambre. Así que te invito a comer.
Le insistí para que no me invitara, pero, como ya dije, era muy terco.
Me llevo a comer a un sitio de comida rápida. Y no se equivocaban en el nombre. Te acercabas a una ventanilla, pedías la comida, y en la siguiente te la daban.
Aparcamos en un terreno que quedaba cerca y comimos en el mismo coche.
-Ya me has invitado a comer hoy, así que no hace falta que me invites mañana.-dije rompiendo el silencio.
-No, no. Yo mañana te invito a comer. Y no a un sitio como estos, a un restaurante, que es mucho mejor.
-Te estaré suponiendo muchos gastos.
-No, tranquila.-dijo amable.
Me negué a la idea de que me invitara a
almorzar mañana, pero él seguía insistiendo por lo que, al final, acabamos en
que me invitaría a comer.
Después de alimentarnos con esa comida
rápida, continuamos nuestro trayecto al motel.
Cuando llegamos entramos juntos a recepción.
El llevaba mis maletas hasta mi cuarto aun yo habiéndole dicho que ya podía
llevar mis maletas, pero no me hizo caso.
Entramos en mi habitación y colocó mis
maletas encima de la cama.
-Recuerda, mañana a las 13:30 te vengo a
buscar.-dijo con superioridad.
-¡¿A las 13:30?! ¿No a las 14:30?-pregunté
sorprendida.
-Ya, pero quiero verte lo antes posible.-dijo
acercándose a mí.-Y ponte algo corto, va a hacer calor.-añadió guiándome el
ojo, acto seguido, se fue.
Me eché a reír, esa actitud no le pegaba para
nada.
Al cabo de un rato de organizar las cosas de
mi bandolera, me fui a duchar y me puse el pijama. Me peiné y me cepillé los
dientes. Luego, cené unas galletas y un zumo que había traído del orfanato. Más
tarde, comencé a arreglar las cosas de la maleta. Vi una tarjeta que no recordaba
haber metido. Dudé por unos segundos que alguna de mis compañeras de habitación
la hubiera metido ahí. Así que, para salir de dudas, abría la tarjeta. Pero
antes observé lo que tenía escrito por fuera: “Feliz cumpleaños”. Después, abrí
la tarjeta: “Espero que la hayas pasado bien, aunque eso en ti es muy difícil
ya que siempre estás de mal humor, o es lo que le das a entender a todo el
mundo. Yo sé que en el fondo eres buena persona y por eso te escribo esta carta
de felicitaciones. Quería decirte, que te he echado de menos desde el momento
en el que me adoptaron, y me alegra un montón haberte visto hoy y poder haberte
entregado esta carta. Atentamente, tu amigo, K. Scrappy.”
Ese apodo, “Scrappy”, estaba claro quién me
había escrito esa carta. Lo sospeché desde que leí la letra y desde que lo vi
en el parque. No dudaba en que era Kevin, el del orfanato.
Nos habíamos vuelto tan amigos desde la
muerte de Alexis. Ya que pasaba todo el tiempo con él y, sobre todo, en la
biblioteca. Se había convertido en mi mejor amigo.
Pero algo me hacía dudar, ¿el qué? Pues lo
que me había dicho: “ponte algo corto”. Él no era así. A lo mejor había
cambiado desde que lo adoptaron.
Ya con las ideas más claras, me fui a dormir
deseando a que llegara el día de mañana.
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