sábado, 6 de julio de 2013

CAPÍTULO 13.

-Ahora que lo pienso, yo tenía un amigo con ese mismo nombre y que por el físico se parece mucho a ti, me pregunto qué estará haciendo.-dije pensando en voz alta.-Hace varios años que no sé nada de él.
-¿Sí? ¡Qué coincidencia!-exclamó.- ¡Háblame de él!
-No.-dije firme.
-¿Por qué?
-Porque eres un desconocido.-dije riendo.-Podrías ser un violador.
-¿Violador?-preguntó entre risas.-No, que yo sepa no lo soy. Pero si ese es el problema, lo podemos arreglar.
-¿Cómo?-pregunté estúpidamente.
-Pues quedando y conociéndonos.-dijo acercándose a mí.- ¿Te dejo mi móvil?
-Vale, ¿entonces tú te compras otro?
-¿Eh?-rio.-Me refiero a mi número de móvil.
-¡Ah! No tengo móvil.
Se quedó un poco extrañado.
-Bueno, hagamos una cosa.-dijo decidido.-Dime dónde te quedas esta noche y mañana me paso y te llevo a almorzar.
-Vale, pero antes, dime tú un lugar en el que pueda quedarme, un motel baratito y no muy lejos, por favor.
-Vale, te llevo en mi coche, ¿quieres que te pague el motel?
-No hace falta, tengo dinero que cogí prestado sin permiso.-dije sonriendo como un angelito.
Él se rio exageradamente y me guio hasta su coche. Me llevó las maletas, intenté evitarlo, pero es muy terco.
Cuando llegamos a su coche, que en vez de un coche parecía una casa con ruedas, y no, no era una caravana, era más lujoso y sin cama, me subí al asiento de copiloto mientras él dejaba mis maletas en la parte de atrás. Pero algo me alertó, él estaba tardando más de lo normal, así que miré por el espejo retrovisor y lo único que pude observar era a él concentrado en mis maletas. 
Era un chico bastante guapo. Sus ojos marrones estaban iluminados y su pelo rubio brillaba bastante con la luz del sol. Me preguntaba cuántos años tendría.
Cerró el maletero y vino hacia el asiento del conductor.
-¿Vamos?-preguntó colocándose el cinturón.
-Sí.-afirmé.
Arrancó el coche y nos pusimos en marcha.
-¿Tú que edad tienes?-pregunté extrañada.
-Diecinueve.-contestó amable.
-Pareces más joven.-añadí con una sonrisa.
Rio por mi comentario.
-¿Tú que edad tienes?
-Hoy cumplo 18, por eso me han echado del lugar donde me críe, donde yo vivo, bueno, vivía.-contesté.-O te adoptan antes de los 18 o cuando los cumplas, te echan y te buscas la vida.
-Lo siento.-dijo triste.-Bueno, me acabas de decir que hoy es tu cumpleaños... ¡Te invito a comer!
-No hace falta.
-Sí, me acabas de decir que te han echado y seguramente te mueres de hambre. Así que te invito a comer.
Le insistí para que no me invitara, pero, como ya dije, era muy terco.
Me llevo a comer a un sitio de comida rápida. Y no se equivocaban en el nombre. Te acercabas a una ventanilla, pedías la comida, y en la siguiente te la daban. 
Aparcamos en un terreno que quedaba cerca y comimos en el mismo coche. 
-Ya me has invitado a comer hoy, así que no hace falta que me invites mañana.-dije rompiendo el silencio.
-No, no. Yo mañana te invito a comer. Y no a un sitio como estos, a un restaurante, que es mucho mejor.
-Te estaré suponiendo muchos gastos.
-No, tranquila.-dijo amable.
Me negué a la idea de que me invitara a almorzar mañana, pero él seguía insistiendo por lo que, al final, acabamos en que me invitaría a comer.
Después de alimentarnos con esa comida rápida, continuamos nuestro trayecto al motel.
Cuando llegamos entramos juntos a recepción. El llevaba mis maletas hasta mi cuarto aun yo habiéndole dicho que ya podía llevar mis maletas, pero no me hizo caso.
Entramos en mi habitación y colocó mis maletas encima de la cama.
-Recuerda, mañana a las 13:30 te vengo a buscar.-dijo con superioridad.
-¡¿A las 13:30?! ¿No a las 14:30?-pregunté sorprendida.
-Ya, pero quiero verte lo antes posible.-dijo acercándose a mí.-Y ponte algo corto, va a hacer calor.-añadió guiándome el ojo, acto seguido, se fue.
Me eché a reír, esa actitud no le pegaba para nada.
Al cabo de un rato de organizar las cosas de mi bandolera, me fui a duchar y me puse el pijama. Me peiné y me cepillé los dientes. Luego, cené unas galletas y un zumo que había traído del orfanato. Más tarde, comencé a arreglar las cosas de la maleta. Vi una tarjeta que no recordaba haber metido. Dudé por unos segundos que alguna de mis compañeras de habitación la hubiera metido ahí. Así que, para salir de dudas, abría la tarjeta. Pero antes observé lo que tenía escrito por fuera: “Feliz cumpleaños”. Después, abrí la tarjeta: “Espero que la hayas pasado bien, aunque eso en ti es muy difícil ya que siempre estás de mal humor, o es lo que le das a entender a todo el mundo. Yo sé que en el fondo eres buena persona y por eso te escribo esta carta de felicitaciones. Quería decirte, que te he echado de menos desde el momento en el que me adoptaron, y me alegra un montón haberte visto hoy y poder haberte entregado esta carta. Atentamente, tu amigo, K. Scrappy.”
Ese apodo, “Scrappy”, estaba claro quién me había escrito esa carta. Lo sospeché desde que leí la letra y desde que lo vi en el parque. No dudaba en que era Kevin, el del orfanato.
Nos habíamos vuelto tan amigos desde la muerte de Alexis. Ya que pasaba todo el tiempo con él y, sobre todo, en la biblioteca. Se había convertido en mi mejor amigo.
Pero algo me hacía dudar, ¿el qué? Pues lo que me había dicho: “ponte algo corto”. Él no era así. A lo mejor había cambiado desde que lo adoptaron.

Ya con las ideas más claras, me fui a dormir deseando a que llegara el día de mañana.

No hay comentarios:

Publicar un comentario