Lentamente abrí los ojos y pude contemplar que no me
dolía nada en absoluto, tan solo un brazo que tenía con algunos golpes, pero
nada que comparar con la gran herida que tenía Kevin en la cabeza. Estaba
sangrando.
-¡Ayuda!-exclamé desesperada.
-¡Ya va!-exclamó una voz grave y desconocida.
Abrieron la puerta y vi la luz del sol junto con el
rostro de un hombre mayor y dos chicas. A mí me parecían que eran sus hijas,
tenían casi los mismos rasgos físicos.
-¿Están bien?-preguntó uno de las chicas mientras me
ayudaban a salir.
-No, bueno sí pero no. Yo estoy bien, me duele el brazo
pero mi amigo está muy mal.
Rápidamente terminaron de sacarme del coche y sacaron a
Kevin.
Fuera del coche, una de las chicas, me vendó el brazo. La
otra chica llamó a una ambulancia que, minutos después, se llevó a Kevin. Luego
un coche de policía me llevó hacia el hospital. Cando llegamos me dijeron que
todavía él seguía inconsciente y que su vida no corría peligro. Esto me alivio
un poco bastante.
El policía me llevó a la cafetería a hacerme unas
preguntas y, de paso, me invitó a tomar un café, pero yo tenía más hambre y
quería algo más que un simple café.
Terminamos las preguntas y el policía se marchó. Yo fui a
recepción a preguntar dónde estaba la habitación de Kevin. Me dijeron que era
la 269 del quinto piso.
Subí al piso y tras buscar por varios pasillos, me perdí.
Era un hospital bastante grande y poco señalizado, normal que me perdiera. Por
suerte un hombre con bata blanca que pasaba por allí me dirigió hacia el cuarto
de Kevin. Mientras me guiaba, me contó que él fue quien me ayudo a salir del
coche en el momento del accidente junto a sus dos hijas, que estaban las dos en
prácticas para la carrera de traumatología.
Llegamos a la habitación de Kevin. El doctor me iba a
decir algo, pero no le hice caso y entré exasperada.
-¿Quién eres?-preguntó Kevin extrañado depositando su
dulce mirada en mí.
Me quedé callada. Estaba sintiendo lo mismo que
experimenté cuando Alex murió. Me quería morir, eso significaba que toda
persona que quiero debe, por alguna extraña razón, morir o perder su
memoria-que para mí era como haber muerto, porque que una persona no recuerde
nada de ti, era como haber muerto.
Salí de la habitación envuelta en lágrimas. Me senté en
unos de los bancos que estaban fuera del pasillo. Apoyé mis codos en mis
rodillas y mi cabeza sobre mis manos. Comencé a soltar lágrimas
desesperadamente. Me importaba bien poco que los que pasaran por allí me
vieran.
-¿Jessica?-preguntó alguien en un murmuro arrepentido.
-¡Déjame!-exclamé sin levantar la cabeza por lo que no
pude ver quien me había hablado.
-Lo siento, era una broma.-dijo arrepentido.
Levanté la cabeza y pude ver a esa persona que hablaba
con tono arrepentido. Seguidamente me alteré al ver a Kevin de pie, debería de
estar en la camilla.
Me puse en pie con expresión de enfado- y preocupación,
claro está-. Nuestros rostros quedaron tan cerca que podíamos sentir nuestras
respiraciones chocar una con la otra. Vi que continuaba nervioso, él es el tipo
de persona que no pude ocultar un sentimiento, entonces fue cuando le besé.
Separamos nuestros rostros poco a poco. Él estaba
completamente rojo. Decidí darle un abrazo.
-No vuelvas a hacerme este tipo de bromas.-dije en su
oído.
Él estaba quieto. Supuse que lo había dejado sin palabras
por lo que me reí. Luego, le di la mano para llevarle a su camilla, ahí es
donde debía de estar.
-Voy a traer algo de comer, ¿quieres?-pregunté.
Él solamente negó con la cabeza.
-Vale, ahora vuelvo.
Salí del cuarto de nuevo y fui a la cafetería en la que
ante había tomado un mísero café.
Pedí un almuerzo que se basaba en un bocadillo de pollo.
¡Qué hambre tenía!
Mientras esperaba, analicé lo que acababa de ocurrir.
Había besado a Kevin. Sí, a mi mejor amigo Kevin. Pero, ¿por qué? No tenía
razones. A mi él no me atraía, solo lo veía como un amigo. Pensé entonces, que
fue por un impulso del corazón… ¡Qué bobadas pienso! No tenía ni idea de por
qué le había besado. Él no me gustaba para nada, mis únicos sentimientos de
amor iban dirigidos a Alexis. Alexis sí que me gustaba y demasiado. Creo que
hasta el punto de quererlo como algo más que un amigo. Desde que lo conocí mi
vida cambio, y para bien. A pesar de haber pasado ya 2 años lo seguía
queriendo. Con él me sentía segura, más que con mi último novio. Este me había
hecho mucho daño. Se llamaba Leo y era muy parecido a Alexis, creo que hasta
eran hermanos. Lo conocí a los 11 años, y hasta mis 12 años estuvimos juntos;
con la diferencia de que él era 2 años mayor que yo. Rompimos, bueno, rompí
nuestra relación porque lo había visto con otra chica. A él, parece que no le
gustó que lo dejara, y me obligo a estar con él, cosa que yo no quería. Pero yo
se lo dije a madre y ella me ayudó. Desde ese momento no me enamoré de nadie
más. Todos los chicos me parecían estúpidos y del mismo carácter de Leo, hasta
que conocí a Alexis. Al principio me pareció un estúpido más, pero poco
después, las cosas que ocurrieron entre nosotros me hicieron ver que era aún
más estúpido, pero que sentía algo por él que no sentía por ningún otro chico.
Alexis y yo parecí que nos odiáramos por nuestra forma de comportarnos, pero en
el fondo nos queríamos. O al menos eso pensaba yo. Ahora mismo me gustaría
saber si él sentía lo mismo por mí. Me gustaría volver a verle, y comprender
que no está muerto. Pero sé que esto nunca ocurrirá.
Me levanté de la mesa bruscamente para despertar de
aquellos sentimientos que rodaban en torno a mi pasado con Alexis. Él estaba
muerto y nada podía pasar para que ocurriera lo contrario, o sí…no, no puede
ser.
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