lunes, 15 de julio de 2013

CAPÍTULO 15.

Lentamente abrí los ojos y pude contemplar que no me dolía nada en absoluto, tan solo un brazo que tenía con algunos golpes, pero nada que comparar con la gran herida que tenía Kevin en la cabeza. Estaba sangrando.
-¡Ayuda!-exclamé desesperada.
-¡Ya va!-exclamó una voz grave y desconocida.
Abrieron la puerta y vi la luz del sol junto con el rostro de un hombre mayor y dos chicas. A mí me parecían que eran sus hijas, tenían casi los mismos rasgos físicos.
-¿Están bien?-preguntó uno de las chicas mientras me ayudaban a salir.
-No, bueno sí pero no. Yo estoy bien, me duele el brazo pero mi amigo está muy mal.
Rápidamente terminaron de sacarme del coche y sacaron a Kevin.
Fuera del coche, una de las chicas, me vendó el brazo. La otra chica llamó a una ambulancia que, minutos después, se llevó a Kevin. Luego un coche de policía me llevó hacia el hospital. Cando llegamos me dijeron que todavía él seguía inconsciente y que su vida no corría peligro. Esto me alivio un poco bastante.
El policía me llevó a la cafetería a hacerme unas preguntas y, de paso, me invitó a tomar un café, pero yo tenía más hambre y quería algo más que un simple café.
Terminamos las preguntas y el policía se marchó. Yo fui a recepción a preguntar dónde estaba la habitación de Kevin. Me dijeron que era la 269 del quinto piso.
Subí al piso y tras buscar por varios pasillos, me perdí. Era un hospital bastante grande y poco señalizado, normal que me perdiera. Por suerte un hombre con bata blanca que pasaba por allí me dirigió hacia el cuarto de Kevin. Mientras me guiaba, me contó que él fue quien me ayudo a salir del coche en el momento del accidente junto a sus dos hijas, que estaban las dos en prácticas para la carrera de traumatología.
Llegamos a la habitación de Kevin. El doctor me iba a decir algo, pero no le hice caso y entré exasperada.
-¿Quién eres?-preguntó Kevin extrañado depositando su dulce mirada en mí.
Me quedé callada. Estaba sintiendo lo mismo que experimenté cuando Alex murió. Me quería morir, eso significaba que toda persona que quiero debe, por alguna extraña razón, morir o perder su memoria-que para mí era como haber muerto, porque que una persona no recuerde nada de ti, era como haber muerto.
Salí de la habitación envuelta en lágrimas. Me senté en unos de los bancos que estaban fuera del pasillo. Apoyé mis codos en mis rodillas y mi cabeza sobre mis manos. Comencé a soltar lágrimas desesperadamente. Me importaba bien poco que los que pasaran por allí me vieran.
-¿Jessica?-preguntó alguien en un murmuro arrepentido.
-¡Déjame!-exclamé sin levantar la cabeza por lo que no pude ver quien me había hablado.
-Lo siento, era una broma.-dijo arrepentido.
Levanté la cabeza y pude ver a esa persona que hablaba con tono arrepentido. Seguidamente me alteré al ver a Kevin de pie, debería de estar en la camilla.
Me puse en pie con expresión de enfado- y preocupación, claro está-. Nuestros rostros quedaron tan cerca que podíamos sentir nuestras respiraciones chocar una con la otra. Vi que continuaba nervioso, él es el tipo de persona que no pude ocultar un sentimiento, entonces fue cuando le besé.
Separamos nuestros rostros poco a poco. Él estaba completamente rojo. Decidí darle un abrazo.
-No vuelvas a hacerme este tipo de bromas.-dije en su oído.
Él estaba quieto. Supuse que lo había dejado sin palabras por lo que me reí. Luego, le di la mano para llevarle a su camilla, ahí es donde debía de estar.
-Voy a traer algo de comer, ¿quieres?-pregunté.
Él solamente negó con la cabeza.
-Vale, ahora vuelvo.
Salí del cuarto de nuevo y fui a la cafetería en la que ante había tomado un mísero café.
Pedí un almuerzo que se basaba en un bocadillo de pollo. ¡Qué hambre tenía!
Mientras esperaba, analicé lo que acababa de ocurrir. Había besado a Kevin. Sí, a mi mejor amigo Kevin. Pero, ¿por qué? No tenía razones. A mi él no me atraía, solo lo veía como un amigo. Pensé entonces, que fue por un impulso del corazón… ¡Qué bobadas pienso! No tenía ni idea de por qué le había besado. Él no me gustaba para nada, mis únicos sentimientos de amor iban dirigidos a Alexis. Alexis sí que me gustaba y demasiado. Creo que hasta el punto de quererlo como algo más que un amigo. Desde que lo conocí mi vida cambio, y para bien. A pesar de haber pasado ya 2 años lo seguía queriendo. Con él me sentía segura, más que con mi último novio. Este me había hecho mucho daño. Se llamaba Leo y era muy parecido a Alexis, creo que hasta eran hermanos. Lo conocí a los 11 años, y hasta mis 12 años estuvimos juntos; con la diferencia de que él era 2 años mayor que yo. Rompimos, bueno, rompí nuestra relación porque lo había visto con otra chica. A él, parece que no le gustó que lo dejara, y me obligo a estar con él, cosa que yo no quería. Pero yo se lo dije a madre y ella me ayudó. Desde ese momento no me enamoré de nadie más. Todos los chicos me parecían estúpidos y del mismo carácter de Leo, hasta que conocí a Alexis. Al principio me pareció un estúpido más, pero poco después, las cosas que ocurrieron entre nosotros me hicieron ver que era aún más estúpido, pero que sentía algo por él que no sentía por ningún otro chico. Alexis y yo parecí que nos odiáramos por nuestra forma de comportarnos, pero en el fondo nos queríamos. O al menos eso pensaba yo. Ahora mismo me gustaría saber si él sentía lo mismo por mí. Me gustaría volver a verle, y comprender que no está muerto. Pero sé que esto nunca ocurrirá.  

Me levanté de la mesa bruscamente para despertar de aquellos sentimientos que rodaban en torno a mi pasado con Alexis. Él estaba muerto y nada podía pasar para que ocurriera lo contrario, o sí…no, no puede ser. 

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