domingo, 7 de julio de 2013

CAPÍTULO 14.

Amaneció un día caluroso. Estaba sudando así que lo primero que hice fue ducharme. Luego, me vestí y, como dijo Kevin, me puse algo corto: camisa de asillas y un pantalón corto vaquero. Para el calzado, en vez de ponerme unos zapatos como solía hacer, me puse unas sandalias. Eran las 12 de la mañana y tenía hambre. Así que salí del motel para ir hacia un bar a desayunar algo. Primera vez que pisaba un bar que no fuera el del orfanato.
Pedí un sándwich de jamón y queso. Algo simple y barato.
Mientras esperaba el desayuno, veía y observaba detenidamente todo a mí alrededor. A mi derecha se encontraba la barra donde mucha gente se sentaba para hablar con el que estaba detrás de esta. A mi izquierda había más mesas como en la que yo estaba sentada. De frente se hallaba un televisor de plasma, bastante moderno para un bar como este, y a los lados unos espejos enormes. Y por último, detrás de mí, la puerta de entrada o salida.
Podía ver quien entraba o salía gracias a los espejos que estaban alrededor del televisor. Y esto me entretenía más que el programa que estaba publicando en la televisión.
Un camarero se acercó a mí y me trajo el desayuno. Le di las gracias y comencé a comer mi deseado y esperado sándwich.
Cuando terminé, le pagué al camarero en la barra y salí de allí. Regresé sobre mis pasos hasta llegar al motel. Ahí estaba esperándome Kevin, en la puerta de mi habitación.
-¿Dónde estabas?-preguntó preocupado.
-Fui a desayunar.
-¿A la una y media?-preguntó sorprendido.
-Sí, es que me desperté tarde, hace mucho que no me despierto a la hora que yo quiero.
-Bueno, entonces supongo que no tienes mucha hambre.
-La verdad, que no mucha.
-¡Genial! Así tendré más tiempo para enseñarte la ciudad y, más tarde, comemos.
Era un buen plan, así que, asentí con la cabeza.
Me tomó de la mano y me llevó hasta su coche. Entramos, nos sentamos y nos colocamos el cinturón. Él iba a arrancar, pero lo detuve.
-Quiero que me respondas a una pregunta antes de poner este coche en marcha.-dije seria.
-¿Qué pregunta?-dijo intrigado.
-¿Por qué no me dijiste ayer que eras Kevin? Y con “Kevin” me refiero a mi amigo del orfanato.
-Porque pensé que te darías cuenta al verme.-dijo con la voz suave y lánguida.
-¿Y por qué no me lo dijiste después?
Se quedó callado. Se tocó el pelo pensativo.
-En verdad, no lo sé.-dijo al fin.
-Vale.-dije seria.
-¿Te enfadaste?-preguntó preocupado.
-Un poco.
-Lo siento.-dijo arrepentido.
-Da igual, arranca. Me entro hambre.
Arrancó el coche. En este reinó el silencio, ninguno de los dos hablábamos. Yo porque estaba un poco enfadada y él porque sabía que yo estaba un poco enfadada.
Aun así, yo rompí el silencio con una pregunta.
-¿Cómo supiste encontrarme ayer?
De nuevo, se quedó callado ante mi pregunta.
-Sabía que ayer era tu cumpleaños y que te iban a echar del orfanato.-contestó al fin.-Por eso, en la puerta del orfanato te estaba esperando, pero ni si quiera me viste. Continuaste tu camino hacia la derecha. Miraste a la izquierda, es verdad, pero no posaste mi mirada en mí ni un solo instante. Entonces yo te seguí hasta que llegaste a un parque, te sentaste en uno de los bancos y a los minutos tuve el valor de acercarme a ti.
Me quedé callada. Después de varios años- para ser concretos, 2años- Kevin seguía acordándose de mi cumpleaños. Nadie había tenido ese detalle conmigo. Y lo peor de todo es que yo no me acordaba del suyo.
-¿Y por qué?-pregunté despertando de mis pensamientos.
Él me miró extrañado.
-Me refiero a que por qué haces todo esto por mí.-aclaré.
El coche paró en un semáforo. Kevin me miró. Le sonreí, pero él no contestaba. Solamente me miraba y eso me estaba incomodando. Él semáforo se puso en verde y él siguió con sus ojos clavados en mí, pero con la mirada perdida.
-Verde.-alerté-
-¿Eh?-preguntó confundido.
-Me refiero al semáforo.-respondí señalando a este.
El coche se puso en marcha de nuevo. Pude notar a Kevin nervioso. Las manos le sudaban y la mirada la tenía perdida.
-Porque eres mi amiga.-contestó al fin.
Su contestación me dio mucho a que pensar. Tenía la idea de que me estaba mintiendo. Porque si fuera verdad me lo hubiera dicho antes si tanto rodeo. Si tardo en responder fue por algo, ¿no?
Sonreí antes su respuesta y acompañe el gesto con una pregunta estúpida:
-¿Queda mucho?
-Un poco más.-contestó mientras empezó a temblar.

Extendí un brazo hacia su mano derecha y la toqué con la mía. Seguidamente le iba a preguntar por qué estaba temblado, pero un giro brusco del volante que dio hizo que chocáramos contra la pared de un edificio. 

1 comentario:

  1. sIGUIENTEEE por fiii!!
    Soy Noe Garcia Turpin de tuenti :))

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