Amaneció un día caluroso. Estaba sudando así que lo
primero que hice fue ducharme. Luego, me vestí y, como dijo Kevin, me puse algo
corto: camisa de asillas y un pantalón corto vaquero. Para el calzado, en vez
de ponerme unos zapatos como solía hacer, me puse unas sandalias. Eran las 12
de la mañana y tenía hambre. Así que salí del motel para ir hacia un bar a
desayunar algo. Primera vez que pisaba un bar que no fuera el del orfanato.
Pedí un sándwich de jamón y queso. Algo simple y barato.
Mientras esperaba el desayuno, veía y observaba
detenidamente todo a mí alrededor. A mi derecha se encontraba la barra donde
mucha gente se sentaba para hablar con el que estaba detrás de esta. A mi
izquierda había más mesas como en la que yo estaba sentada. De frente se hallaba
un televisor de plasma, bastante moderno para un bar como este, y a los lados
unos espejos enormes. Y por último, detrás de mí, la puerta de entrada o
salida.
Podía ver quien entraba o salía gracias a los espejos que
estaban alrededor del televisor. Y esto me entretenía más que el programa que
estaba publicando en la televisión.
Un camarero se acercó a mí y me trajo el desayuno. Le di
las gracias y comencé a comer mi deseado y esperado sándwich.
Cuando terminé, le pagué al camarero en la barra y salí
de allí. Regresé sobre mis pasos hasta llegar al motel. Ahí estaba esperándome
Kevin, en la puerta de mi habitación.
-¿Dónde estabas?-preguntó preocupado.
-Fui a desayunar.
-¿A la una y media?-preguntó sorprendido.
-Sí, es que me desperté tarde, hace mucho que no me
despierto a la hora que yo quiero.
-Bueno, entonces supongo que no tienes mucha hambre.
-La verdad, que no mucha.
-¡Genial! Así tendré más tiempo para enseñarte la ciudad
y, más tarde, comemos.
Era un buen plan, así que, asentí con la cabeza.
Me tomó de la mano y me llevó hasta su coche. Entramos,
nos sentamos y nos colocamos el cinturón. Él iba a arrancar, pero lo detuve.
-Quiero que me respondas a una pregunta antes de poner
este coche en marcha.-dije seria.
-¿Qué pregunta?-dijo intrigado.
-¿Por qué no me dijiste ayer que eras Kevin? Y con
“Kevin” me refiero a mi amigo del orfanato.
-Porque pensé que te darías cuenta al verme.-dijo con la
voz suave y lánguida.
-¿Y por qué no me lo dijiste después?
Se quedó callado. Se tocó el pelo pensativo.
-En verdad, no lo sé.-dijo al fin.
-Vale.-dije seria.
-¿Te enfadaste?-preguntó preocupado.
-Un poco.
-Lo siento.-dijo arrepentido.
-Da igual, arranca. Me entro hambre.
Arrancó el coche. En este reinó el silencio, ninguno de
los dos hablábamos. Yo porque estaba un poco enfadada y él porque sabía que yo
estaba un poco enfadada.
Aun así, yo rompí el silencio con una pregunta.
-¿Cómo supiste encontrarme ayer?
De nuevo, se quedó callado ante mi pregunta.
-Sabía que ayer era tu cumpleaños y que te iban a echar del
orfanato.-contestó al fin.-Por eso, en la puerta del orfanato te estaba
esperando, pero ni si quiera me viste. Continuaste tu camino hacia la derecha.
Miraste a la izquierda, es verdad, pero no posaste mi mirada en mí ni un solo
instante. Entonces yo te seguí hasta que llegaste a un parque, te sentaste en
uno de los bancos y a los minutos tuve el valor de acercarme a ti.
Me quedé callada. Después de varios años- para ser
concretos, 2años- Kevin seguía acordándose de mi cumpleaños. Nadie había tenido
ese detalle conmigo. Y lo peor de todo es que yo no me acordaba del suyo.
-¿Y por qué?-pregunté despertando de mis pensamientos.
Él me miró extrañado.
-Me refiero a que por qué haces todo esto por mí.-aclaré.
El coche paró en un semáforo. Kevin me miró. Le sonreí,
pero él no contestaba. Solamente me miraba y eso me estaba incomodando. Él
semáforo se puso en verde y él siguió con sus ojos clavados en mí, pero con la
mirada perdida.
-Verde.-alerté-
-¿Eh?-preguntó confundido.
-Me refiero al semáforo.-respondí señalando a este.
El coche se puso en marcha de nuevo. Pude notar a Kevin
nervioso. Las manos le sudaban y la mirada la tenía perdida.
-Porque eres mi amiga.-contestó al fin.
Su contestación me dio mucho a que pensar. Tenía la idea
de que me estaba mintiendo. Porque si fuera verdad me lo hubiera dicho antes si
tanto rodeo. Si tardo en responder fue por algo, ¿no?
Sonreí antes su respuesta y acompañe el gesto con una
pregunta estúpida:
-¿Queda mucho?
-Un poco más.-contestó mientras empezó a temblar.
Extendí un brazo hacia su mano derecha y la toqué con la
mía. Seguidamente le iba a preguntar por qué estaba temblado, pero un giro
brusco del volante que dio hizo que chocáramos contra la pared de un edificio.
sIGUIENTEEE por fiii!!
ResponderEliminarSoy Noe Garcia Turpin de tuenti :))