lunes, 17 de junio de 2013

CAPÍTULO 10.

-¿Kevin?-murmuré dudosa.
-Sí.-contestó sonriente.
Se hizo un silencio incómodo. Ninguno sabía qué decir. 
-¿Te gusta el libro "50 sombras de Grey"?-preguntó tras darse cuenta de que no le quitaba el ojo de encima a dicho libro.
-Sí, me encanta.-contesté.-Es mi libro favorito.
-¡Que coincidencia!-exclamó.-También es mi libro favorito.-añadió contento.
Cada vez me empezaba a caer mejor este chico.
-¿Y cuántas veces te lo has leído?-pregunté curiosa.
-Siete veces. ¿Y tú?
-Una vez.
-¿Solo una?-repitió sorprendido.
-Sí.-respondí.-No me gusta leerme un libro dos veces.
-¿Y eso?
-Porque ya se todo lo que va a pasar después y eso no me gusta.
-Interesante opinión.
-¿Y tú? ¿Por qué te los lees tantas veces?
Él se quedó pensando en qué responder. Yo aproveché esos momentos y cogí una silla y me senté a su lado.
Mire hacia la puerta y estaba Alexis.
-¿Qué haces aquí, Alexis?-pregunté irritada.
-Te dije que me sabía todos los lugares de este orfanato. También que sé dónde hay lugares para esconderse. Y este es uno de ellos.
-Me alegro.-dije sarcástica.-Ahora vete tú, o me voy yo.
-Vete tú. Yo quiero estar aquí.
-Vale.-contesté.
-Adiós, Kevin. Otro día seguimos hablando.-dije despidiéndome.-Me has caído muy bien.
Me levanté de la silla y me dirigí hacia la puerta.
-Adiós Jessica.-replicó contento.
Salí de la habitación y caminé hacia el árbol. Allí pude ver una imagen que aparte de molesta e irritante, me asombraba, y mucho. Estaba Ainhoa con uno de los perros falderos, Cristian, en plena acción, es decir, basándose. No quería interrumpirles, pero quería subir a mi árbol.
Me acerqué a ellos, pero no se dieron cuenta de mi presencia, así que decidí toser un poco para que me notasen.
Por fin se dieron cuenta de que estaba ahí, me miraron con una cara indescriptible.
-¿Cuánto has visto?- preguntó Cristian con tono de machito.
-Lo suficiente para estar vomitando una semana.-contesté poniendo cara de asco, pero luego, sin querer eché una sonrisa disimulada.
-No se lo digas a Alex.-me ordenó.
-Como si… 
En ese momento una voz conocida me interrumpió, miré y era Alex.
-¿Qué no me diga el qué?-preguntó con una tonalidad agresiva.
-Esto…mmm…pues nada, lo de siempre, ¿qué habrá hoy para cenar?-tartamudeó Ainhoa.
-Oye, Aino, Alex sabe que tú y yo somos…-En ese momento Ainhoa le echó una mirada fulminante.
-Sí, Ainhoa, sé que estás saliendo con Cris, esa es una de las razones por las que te aguanto.-dijo sin quitarme la mirada.-Eres la que mantiene ocupado a Cris y…-se detuvo.
Lo que es raro, porque no tenía nada que ver, era yo ahí oyendo la conversación, así que suspiré y empecé a caminar en dirección al comedor, tenía hambre, mucha hambre.
-Jessica, espera, Alex, dime la razón principal antes de que Jessi se marche.-insistió Ainhoa.
A Ainhoa se le notaban las chispas que le salían por los ojos.
-A mí no me interesa su razón, pero creo que la principal razón por la que él te aguante es porque le mentiste sobre la información de sus verdaderos padres, y sé que es mentira porque a mí me lo han hecho varias veces, por eso ya me cansé sobre ese tema.-repliqué sin pensar.
Cuando me di cuenta de lo que había dicho, me arrepentí, nadie excepto los directores, Adrián, mi antigua mejor amiga, Sara, y unas pocas personas más sabían eso. Miré a mí alrededor y todos me estaban mirando con los ojos bien abiertos.
-Creo que hablé demasiado.-intenté sonreír, pero no hubo manera.
-¿Alex te ha contado sobre su familia?-preguntó Ainhoa confundida, me sentí un poco aliviada al ver que no le dio importancia a lo mío.
-No, sin querer escuché sobre eso…-murmuré.
Cristian no me quitaba lo ojos de encima y Alex, un tanto de lo mismo.
En ese momento Alex, que estaba detrás de Ainhoa, vino caminando rápido hacia mí, me asusté sin razón alguna y salí corriendo en dirección al bosque.
Mientras corría sin rumbo, analicé todo lo que había pasado, aunque me era bastante confuso, conseguí entender una pequeña parte. Entonces, me caí al suelo, no porque me tropezara sino porque alguien me empujó por detrás. Como no, era Alex. Intenté escapar pero yo estaba tumbada en el suelo, inmovilizada porque él estaba encima de mí.
-Dime todo sobre tu infancia.-ordenó serio.
-No sé nada de mi infancia, no tengo recuerdos.
No sé por qué le estaba respondiendo.
-Exactamente, ¿a qué edad llegaste, o te encontraron y te trajeron aquí?-siguió preguntando.
-Nadie lo se sabe.-contesté.-Pero por mi aspecto se dedujo que a los tres o cuatro años.
Me estaba empezando a asustar, Alexis tenía una expresión en la cara que nunca había vista en otra persona.
-¿Para qué lo quieres saber?-pregunté confusa.
-Eres tú…-murmuró.
-Soy yo…-repetí.
-¿Cómo lo haces?-preguntó.- ¿Cómo consigues aparecer en todos lados? Tarde dos años en olvidarme de ti, y ahora vuelves a aparecer, ¿sabes lo que te digo? Que te pierdas de mi vista, no te quiero volver a ver nunca más. Me hiciste mucho daño, muchísimo.-respondió enfadado.
-¿Qué?-pregunté confundida.
-Lo sabe perfectamente, o deberías de saberlo.
Alexis se dio media vuelta y se fue. Me dejó allí sola meditando sobre qué podría haber hecho yo en el pasado que le hubiera enfadado tanto. Pero es que, no tengo mucho que recordar.  
Caminé yo también hacia el orfanato. De camino, le seguía dando vueltas, pero llegué a la conclusión de que se había confundido de persona, yo nunca he hecho daño a nadie de tal forma de que me diga semejantes cosas. O eso creo.
Llegué al orfanato, y fui al salón. En el sofá estaban Ainhoa y Cristian hablando, me vieron llegar y posaron su mirada en mí.
-¿Qué?-pregunté.
Ellos negaron con la cabeza como queriendo: “nada, nada”.
Continué mi camino. ¿A dónde iba? A la biblioteca que había encontrado. Allí, esperaba encontrarme a Kevin, pero no había nadie. Cogí un libro que estaba en una mesilla y comencé a leerlo todo el tiempo que me quedaba de día.
Iba leyendo y, poco a poco, fui cerrando los ojos hasta quedarme dormida.
Desperté en mi habitación con una nota debajo de la almohada. Era de Kevin y decía: “Anoche te vi dormida en la biblioteca y para evitarte problemas con madre te llevé a tu habitación.”
Sonreí tras el favor que me había hecho.

Miré el reloj y todavía tenía media hora más para poder dormir. Pero no pude. Le estaba dando vueltas a lo de Alexis. No comprendía por qué me había dicho eso, y mucho menos, lograba recordar que había hecho yo en el pasado que le causara tantas molestias.

No hay comentarios:

Publicar un comentario