-¿Qué haces? ¡Suéltame!-exigí enfadada.
-No.-contestó firme y grotesco.
Termino de arrastrarme hasta llegar al árbol.
-Aquí no nos encontraran.-dijo Alexis.
-¿Me vas a soltar del brazo?-pregunté intentando ser lo más dulce
posible.
-Dime, ¿qué haces besándote con Adrián? ¿Vas coleccionando besos?-preguntó
apretándome cada vez más del brazo.-Ya besaste a David y ahora a Adrián, ¿quién
será el siguiente?
-Yo no he besado a Adrián.-contesté seria.
-¡Pero sí has besado a David!
-Eso sí.
-Eres una…-hizo una pausa.-Una fulana, una cualquiera. Vas besando a
todos los chicos por ahí.
-¿Te he pedido tu opinión?
-No.-contestó aún más enfadado.
-Pues ya está, suéltame.-Exigí de nuevo.-Puedo besarme con quien
quiera y cuando quiera. Tú no eres nadie para decirme lo que puedo y no puedo
hacer.-repliqué mirándole fijamente a los ojos.
Veía como la rabia le consumía por dentro. Sentía que algo iba a
hacerme. Tenía ganas de hacerme daño debido al mismo que le había causado yo,
supuse.
No me equivoqué. Alexis me pegó una cachetada. Hizo que me volteara la
cara y me salieran algunas lágrimas. Lo volví a mirar y tenía la misma mirada.
Nos quedamos observándonos durante unos instantes. Él lleno de ira, y
yo llena de dolor causado por su golpe.
A los minutos, se bajó del árbol dejándome allí sola. Me quedé ahí sentada
durante un cuarto de hora, soltando pequeñas lágrimas y lamentándome por haber
besado a David. Pero… ¿por qué estoy llorando y lamentándome? A mí no me
importa Alexis. Eso sí, me ha pegado, y muy fuerte, pero es el único motivo que
encuentro para estar llorando de esa manera.
Me bajé del árbol y regresé a mi habitación, pasando por la sala.
-¡Jessica!-exclamó una voz.
-¿Qué quieres?-pregunté buscando esa voz.
Adrián se acercó a mí por detrás y apoyó su mano encima de mi hombro.
-¿Ese chico te ha hecho algo?-preguntó a la vez que me daba la vuelta.
No respondí.
Pude ver que tenía una herida por un lateral de la cara y la nariz
tapada por una venda.
-¡¿Qué te ha
pasado?!-pregunté preocupada, a la vez que le pasaba mi mano delicadamente
sobre sus heridas.
-Nada importante.-hizo una pausa y sonrió-¿Estás preocupada?
-Pues claro, idiota.-contesté.-Madre me dejó a cargo de cuidarte, ¡me va a matar!
A Adrián pude ver como se le cambiaba la mirada. Se dio media vuelta y se fue, noté como su aura de felicidad desapareció. No sabía la razón, ni me importaba, por eso lo ignoré.
-Nada importante.-hizo una pausa y sonrió-¿Estás preocupada?
-Pues claro, idiota.-contesté.-Madre me dejó a cargo de cuidarte, ¡me va a matar!
A Adrián pude ver como se le cambiaba la mirada. Se dio media vuelta y se fue, noté como su aura de felicidad desapareció. No sabía la razón, ni me importaba, por eso lo ignoré.
Estaba aburrida, así que
fui a explorar un poco el orfanato, y también a buscar algún nuevo lugar
apartado para estar sola, ya que en el árbol va a estar Alex.
Mientras iba caminando me
perdí en esos amplios pasillos, no me alteré, seguí explorando e intentando
salir de esos pasillos. Fui puerta por puerta intentado abrirla pero todas
estaban cerradas con llave, entonces fue cuando la vi. Una gran puerta llena de
polvo. Cogí un pañuelo del bolsillo de mi chaqueta y limpié un poco la puerta.
Su tallado era muy bonito, era hecho de madera, la intenté abrir pero estaba
trancada, no me di por vencida, no sé el por qué pero estaba interesada en lo
que había detrás de esa puerta. Tomé carrerilla y le di una gran patada y ésta
se abrió, pero había cogido tanta carrerilla que me hice daño en el pie. Al
levantar la mirada pude contemplar aquel
cuarto lleno de libros, era un paisaje hermoso, al menos para mi vista. Fui
corriendo a mi cuarto a buscar mis gafas para poder leerlos.
Estaba tan concentrada
que pasé de largo a Adrián, y luego a Alex, e incluso el dolor del pie, hasta
que me volví a caer. Intenté levantarme pero esta vez me había hecho daño de
verdad, entonces al alzar mi vista vi como alguien me ofrecía su mano para
levantarme, pero tenía la vista nublada. Le di mi mano pero cuando estaba a
punto de levantarme me desmayé, antes de quedar totalmente en blanco noté como
me como aquel individuo me cogía y caminaba hacia algún lugar.
Cuando desperté, estaba en el mismo lugar lleno de libros, ¿un sueño?
Cuando desperté, estaba en el mismo lugar lleno de libros, ¿un sueño?
Noté que el pie ya no me dolía, me levanté, y
pude observar la figura de un chico sentado en una silla leyendo un libro. Él
estaba a contraluz y no pude distinguirlo. Me senté en una silla situada al
lado suyo, y él, al ver que estaba despierta, cerró el libro y lo dejó encima
de una mesa llena de polvo.
-¿Quién eres? No te consigo ver con claridad.
No respondió.
-Perdón por ser tan directa.-añadí.
-Me llamo Kevin.-contestó.
-Encantada, yo soy Jessica.
-Sí, ya sé quién eres.
Me empecé a asustar.
-¿De qué me conoces?-pregunté con la voz
temblorosa.
-No te asustes.-contestó.-Ahora porque no me
distingues, pero tú también me conoces.-explicó.
-¿De qué te conozco?-volví a preguntar.
-Soy uno de los amigos de Alexis.
Comencé a alterarme. Si él era uno de los
amigos de Alexis y según mi hipótesis de que los perros falderos acorralaron a
Adrián para pegarle y causarle las heridas, debería de irme de inmediato. No
quiero tener nada que ver con él.
-Vale. Pues me voy.-dije levantándome de la
silla.
-¿Por qué?-preguntó sorprendido.
-Porque tú…-contesté deteniéndome antes de decir
nada.
No tenía pruebas de que ellos fueran los que
de verdad le causaran el daño a Adrián.
-Porque nada, olvídalo.-rectifiqué.
-Dime.-insistió.
Me tomé unos segundos para pensar si decirle
lo de Adrián o no. Mientras le miraba intentando distinguirle la cara.
-¿Tú y los demás le pegaron a Adrián cuando
yo estaba siendo arrastrada por Alexis?
-Siento decir esto, pero sí. Nosotros le pegamos.
-¿Y por qué?
-Porque Alexis nos lo dijo.
-¿Y ustedes le hacéis caso a todo lo que os
diga Alexis?
-Es difícil de explicar, pero sí. Le hacemos
caso a todo.
-Ustedes lo que sois es un par de estúpidos.
-Puede ser.-dijo soltando una pequeña risita.
No le encontraba la gracia a nada de lo
anteriormente dicho.
Al no responderle, se levantó de la silla en
la que estaba y se asomó a la ventana.
-Me tengo que ir, ya se está poniendo el sol.
Salió corriendo de la habitación por la
puerta.
Yo me quedé en esa curiosa sala, observando y
curioseando los libros.
Fui hacia la mesa en la que había dejado, Kevin, el libro y miré el
título. Al leerlo sentí unas mariposas en el estómago, ¿me habría enamorado de
alguien de que cuyo rostro nunca he visto?
“50 sombras de Grey”, mi libro favorito.-aunque ciertas personas me
llaman rara por leer ese tipos de libros, básicamente todos, a nadie le gusta y
no sé por qué.-me alegra haber encontrado a alguien a quien sí le guste.De camino hacia mi cuarto me encontré a Adrián y a Alex hablando amistosamente, me entró curiosidad y fui a saludarlos.
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