-Alexis,-mencioné a él que estaba a mi lado.- ¿por qué están todos
alterados?
No me respondió. Continuó esperando su turno para pasar por la barra
de la comida y coger el desayuno. Yo hice lo mismo, pensando que él no me había
oído.
Le miré detenidamente y me di cuenta de que llevaba un gorro un poco
atípico. Lo consideraba así porque él no solía llevar sombreros, ni gorras, ni
nada del tipo parecido.
Al rato, volví a preguntar.
-Alexis… ¿sabes por qué todos están alborotados?
No me respondió. Le toqué el hombro suavemente como señal de que yo
estaba ahí, que me hiciera caso.
Pero ni se inmutó. Llegó su turno y cogió su comida, yo, que estaba
detrás, hice lo mismo.
No me senté a su lado, me senté donde siempre me sentaba en una mesa
situada en una esquina sola, pero como de costumbre, se acoplaban mis
compañeras de habitación.
Empecé a entablar conversación con ellas, cosa rara en mí, hasta que
terminé de tomarme mi desayuno.
Caminé hacia donde estaba Alexis y me senté a su lado.
-Alexis, ¿tienes algo conmigo?-pregunté evitando la mirada de todos
sus acompañantes de la mesa.
-No tiene nada contigo.-contestó la fulana, es decir, Ainhoa.-Pero le
agradaría que te fueras y le dejaras en paz.
La miré con rabia y después miré a Alexis. Este seguía sin
responder. Pensé en no insistirle más,
así que me levanté y me fui a mi habitación.
Camino de mi habitación me encontré con madre acompañada por un chico
de mi misma edad, con ojos verdes y pelo castaño.
-Jessica, te presento a un nuevo compañero del orfanato.-dijo madre.
-Hola,-saludó él.-mi nombre es Adrián, pero me puedes llamar
Adri.-guiñó el ojo.
-Hola, yo soy Jessica, pero me puedes llamar Jessi.-repetí.
-Bueno os dejo.-intervino madre.-Jessica, enséñale el centro, por
favor.
Asentí con la cabeza.
Adrián me preguntó, recién se había marchado madre, que dónde estaba
el baño.
Me pareció gracioso, o eso creo, y solté una pequeña risita. Después,
le guie hasta el baño. A continuación,
bajamos al salón, donde ya estaban todos.
-¿Quieres un zumo?-pregunté intentando empezar un tema de
conversación.
-Sí, gracias.-contestó regalándome una de sus sonrisas.
-Vale, pero espera en aquel sofá que voy a pedir los zumos al
bar.-dije señalándole el sillón.
Él hizo lo que le dije y yo fui al bar. Allí estaba Alexis, pero esta
vez no tenía el gorro.
-Hola.-saludó mirándome de arriba abajo.
-Adiós.-contesté fría y cortante.
Cogí los dos zumos y me dirigía de nuevo a reunirme con Adrián, pero
Alexis me detuvo.
-¿Para quién es el otro zumo?-preguntó interesado por mi respuesta.
-No te interesa.-contesté, de nuevo, fría y cortante.
-¿Te pasa algo conmigo?-preguntó levantando una ceja.
-¿Te pasa algo a ti conmigo?-repetí haciendo énfasis en la palabra
“ti”.
-No, ¿por?-contestó sorprendido.
-Por lo de esta mañana, te hable mientras esperábamos por el desayuno
y me ignorabas.-contesté.
-Tenía puesto los auriculares y estaba escuchando música, por eso no
te oía.-dijo riendo.
-¿Y de que te ríes?-pregunté molesta.
-De que te estas preocupando por si te hablo o no.-contestó aguantando
la risa.-Cuando te conocí, me ignorabas completamente. Ni si quiera te
acercabas, tuve que acercarme yo a ti aquella vez con mis amigos sentándome en
aquel sofá.-dijo parando de reír.-Todo esto quiere decir que te estas
enamorando de mí. Una chica no cambia tanto por un chico, a no ser que de este,
se esté enamorando.-replicó sonriendo.
-Yo no me estoy enamorando.-rechisté molesta por su comentario.
-Lo que tú digas.-dijo.-Tú y yo sabemos que lo que acabas de decir es
mentira.
Me dejo con la palabra en la boca y se fue hacia la sala de juegos.
Lo miré con rabia, pero a la vez estaba ruborizada.
Volví a coger los zumos que había dejado encima de la barra y me
dirigí hacia el sofá en donde estaba Adrián esperándome.
-¡Aquí traigo los zumos!-exclamé sentándome en el sofá de enfrente al
suyo.-Perdón por tardar, tuve que pararme a hablar con un estúpido.-excusé
mientras rodeaba mis ojos tan solo al recordar la pequeña conversación que había
tenido anteriormente con Alexis.
-No pasa nada.-contestó amablemente.-Por cierto, ¿puedo saber quién es
ese estúpido? ¿Te hizo algo?-preguntó preocupado.
-No, déjalo.-respondí halagada porque se preocupara por mí.-Ya lo
conocerás en su momento.
Me miró con preocupación y asintió con la cabeza mientras le entregaba
el zumo.
-Bueno, Adrián.-decía dando un pequeño sorbo a mi bebida.- ¿Por qué
estás aquí?-pregunté.-si es que se puede saber.-añadí.
-Mis padres murieron en un accidente de tráfico…-contestó al instante
de que se le rayaran los ojos.
-Es muy típico. Todos suelen venir por el mismo motivo, debe de ser
muy triste.-pensé.
-¿Y tú por qué estás aquí?-preguntó interesado.
Se levantó del sofá en el que estaba sentado y se sentó a mi lado.
-Pues verás.-empecé.-Vine aquí con 4 años. Fui encontrada por la
directora en un pequeño bosque. Todavía, nadie sabe qué estaba haciendo allí.
Nadie sabe nada de mis verdaderos padres. Porque antes de traerme aquí, los
llamaron y buscaron. Pero no los encontraban, por eso decidieron traerme
aquí.-hice una pausa.-Tampoco sé la edad que tengo. La gente calcula que tengo
unos 13 años. Tampoco tengo apellidos y mucho menos nombre. Me llaman Jessica
porque ese era el nombre de la hija fallecida de la directora. Y por último de
mi gran historia es que no tengo recuerdos del pasado.-hice otra pausa, pero
esta vez más larga al ver como Adrián se acercaba a mí.-Dicen que cuando eres
adolescente te vienen pequeñas imágenes de cuando eras pequeño, pero yo no
tengo ninguna.-concluí.
Terminé de contar mi historia y pude ver a Adrián a escasos
centímetros de mi boca. No sé qué estaba haciendo ni que pretendía él hacer.
Intenté alejarme, pero detrás tenía el respaldar del sofá y por los lados me
era imposible salir. En resumen, estaba por decirlo de alguna manera, atrapada.
Justo en ese preciso instante llega Alexis con sus perros falderos
agarrado de la mano de la fulana.
-¡Estás haciendo un récord!-exclama Alexis enfurecido.
-¿Por qué?-pregunta Adrián separándose de mí.
-No es asunto tuyo.-contesta Alexis.
-Pero sí es asunto mío.-añadí.-Así que cuéntame eso de que estoy
haciendo un récord.
Alexis me tomó del brazo y me arrastró hasta un lugar un tanto
apartado del sofá en el que estaba con Adrián.
Mientras me llevaba por la fuerza, veía detrás de mí como sus perros
falderos acorralaban a Adrián.
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